A las cinco de la tarde.
Eran las cinco en punto de la tarde.
Un niño trajo la blanca sábana
a las cinco de la tarde.
Una espuerta de cal ya prevenida
a las cinco de la tarde.
Lo demás era muerte y sólo muerte
a las cinco de la tarde.
El viento se llevó los algodones
a las cinco de la tarde.
Y el óxido sembró cristal y níquel
a las cinco de la tarde.
Ya luchan la paloma y el leopardo
a las cinco de la tarde.
Y un muslo con un asta desolada
a las cinco de la tarde.
Comenzaron los sones del bordón
a las cinco de la tarde.
Las campanas de arsénico y el humo
a las cinco de la tarde.
En las esquinas grupos de silencio
a las cinco de la tarde.
¡Y el toro, solo corazón arriba!
a las cinco de la tarde.
Cuando el sudor de nieve fue llegando
a las cinco de la tarde,
cuando la plaza se cubrió de yodo
a las cinco de la tarde,
la muerte puso huevos en la herida
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
A las cinco en punto de la tarde.
Un ataúd con ruedas es la cama
a las cinco de la tarde.
Huesos y flautas suenan en su oído
a las cinco de la tarde.
El toro ya mugía por su frente
a las cinco de la tarde.
El cuarto se irisaba de agonía
a las cinco de la tarde.
A lo lejos ya viene la gangrena
a las cinco de la tarde.
Trompa de lirio por las verdes ingles
a las cinco de la tarde.
Las heridas quemaban como soles
a las cinco de la tarde,
y el gentío rompía las ventanas
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
¡Ay qué terribles cinco de la tarde!
¡Eran las cinco en todos los relojes!
¡Eran las cinco en sombra de la tarde!
FEDERICO GARCÍA LORCA
Me precipito antes del día, me alcanzo con mi silencio guardador de mis palabras nacientes. Antes del día, he de venir con los ojos abiertos, sin mirar atrás.
martes, 11 de enero de 2011
lunes, 18 de octubre de 2010
SONETO AL AMOR
Cuántas veces, amor, por retenerte
puse a tus pies mi juventud rendida.
Y cuántas a pesar de estar herida
te la volví a entregar por no perderte!
Cuántas veces también, altivo y fuerte,
por alcanzar la gracia prometida,
me batí frente a frente con la vida,
o me hallé cara a cara con la muerte!
Y hoy, cuando mi ilusión vuelve a tu lado
trayéndole al misterio de tu hechizo
la pluma azul del pájaro encantado,
torna otra vez a mi pupila el lloro
al mirar desde el puente levadizo
que está cerrado tu castillo de oro.
ALBERTO ÁNGEL MONTOYA (colombiano)
puse a tus pies mi juventud rendida.
Y cuántas a pesar de estar herida
te la volví a entregar por no perderte!
Cuántas veces también, altivo y fuerte,
por alcanzar la gracia prometida,
me batí frente a frente con la vida,
o me hallé cara a cara con la muerte!
Y hoy, cuando mi ilusión vuelve a tu lado
trayéndole al misterio de tu hechizo
la pluma azul del pájaro encantado,
torna otra vez a mi pupila el lloro
al mirar desde el puente levadizo
que está cerrado tu castillo de oro.
ALBERTO ÁNGEL MONTOYA (colombiano)
GOZOS DEL DOLOR DE AMOR
Divina desgarradura
del alma. Lento morir
de dolor.
Bendita tu quemadura
que me ha enseñado a sufrir
por amor.
Pensé un día que el amar
fuera liviano placer
sin espinas;
pero he visto, a mi pesar,
que es un puro padecer
penas divinas.
Mas bendigo mi dolor
y bendigo la amargura
que me acosa,
y este callado terror,
y esta sed, y esta ternura
dolorosa.
Si yo supiera cantar,
con qué celestial lamento
cantaría.
Cantar fuera mi llorar,
¡con que melodioso acento
lloraría!
Cuando los hombres sufridos
padecen tribulaciones,
llanto y mengua,
son más dulces sus gemidos,
son más suaves las canciones
de su lengua.
Pero cantar olvidé
y están ya secas las fuentes
de mi llanto ...
¿Qué se hizo, adónde fué,
de aquellas horas ausentes,
el encanto?
La luz de mis alegrías,
el rayo de mi esperanza,
¿dónde fueron?
De aquellos pasados días,
el ardor y la pujanza
¿qué se hicieron?
Yo he perdido corazón,
juicio, voluntad, placer
y sosiego;
me consume la pasión
y sólo sé amar y arder
en este fuego.
Supe mirar y cegué,
supe hablar y enmudecí
en hondo abismo;
yo, que tan claro me vi,
desde que amo no sé
de mí mismo.
¡Fuerte amor, santa piedad
que me avivas y me inflamas
con tu ardor!
¡Oh congoja! ¡Oh caridad!
¡Oh pena y deleite! ¡Oh llamas
del amor!
Se hundió en mi carne el cauterio:
salió el alma por la herida;
quedé inerte;
sentí el terror del misterio ....
¡del misterio de la vida
y de la muerte!
Pero en el trágico instante,
¡oh fuentecilla que bañas
mi cercado!,
miré en tu espejo el semblante
que yo tengo en las entrañas
dibujado.
Sobre el cristal de la fuente
rutilaban como estrellas
sus pupilas ...
¡con un mirar tan clemente!,
¡con unas luces tan bellas
y tranquilas!
¡Amor! de tu flecha herido,
yo olvidé mis pesadumbres,
mis enojos,
y vi el cielo prometido
viendo las serenas lumbres
de tus ojos.
¿Qué importa vivir penando
y sentir en noche oscura
poco sueño,
si el alma vela, gozando
de la altísima hermosura
de su dueño?
Si el espíritu se enciende,
¿dónde habrá para esta tea
noche obscura?
Locura de amor me prende.
¡Dulce amor! ¡Bendita sea
tu locura!
Tú me enseñaste a sufrir,
tú me enseñaste a gozar
padeciendo.
Tú me enseñaste a vivir,
tú me enseñaste a triunfar
resistiendo.
Yo darte el alma he querido,
para que en ella ejercites
tu rigor.
¡Con tus dardos la has herido;
tenla, pero no le quites
su dolor!
RICARDO LEÓN (español)
del alma. Lento morir
de dolor.
Bendita tu quemadura
que me ha enseñado a sufrir
por amor.
Pensé un día que el amar
fuera liviano placer
sin espinas;
pero he visto, a mi pesar,
que es un puro padecer
penas divinas.
Mas bendigo mi dolor
y bendigo la amargura
que me acosa,
y este callado terror,
y esta sed, y esta ternura
dolorosa.
Si yo supiera cantar,
con qué celestial lamento
cantaría.
Cantar fuera mi llorar,
¡con que melodioso acento
lloraría!
Cuando los hombres sufridos
padecen tribulaciones,
llanto y mengua,
son más dulces sus gemidos,
son más suaves las canciones
de su lengua.
Pero cantar olvidé
y están ya secas las fuentes
de mi llanto ...
¿Qué se hizo, adónde fué,
de aquellas horas ausentes,
el encanto?
La luz de mis alegrías,
el rayo de mi esperanza,
¿dónde fueron?
De aquellos pasados días,
el ardor y la pujanza
¿qué se hicieron?
Yo he perdido corazón,
juicio, voluntad, placer
y sosiego;
me consume la pasión
y sólo sé amar y arder
en este fuego.
Supe mirar y cegué,
supe hablar y enmudecí
en hondo abismo;
yo, que tan claro me vi,
desde que amo no sé
de mí mismo.
¡Fuerte amor, santa piedad
que me avivas y me inflamas
con tu ardor!
¡Oh congoja! ¡Oh caridad!
¡Oh pena y deleite! ¡Oh llamas
del amor!
Se hundió en mi carne el cauterio:
salió el alma por la herida;
quedé inerte;
sentí el terror del misterio ....
¡del misterio de la vida
y de la muerte!
Pero en el trágico instante,
¡oh fuentecilla que bañas
mi cercado!,
miré en tu espejo el semblante
que yo tengo en las entrañas
dibujado.
Sobre el cristal de la fuente
rutilaban como estrellas
sus pupilas ...
¡con un mirar tan clemente!,
¡con unas luces tan bellas
y tranquilas!
¡Amor! de tu flecha herido,
yo olvidé mis pesadumbres,
mis enojos,
y vi el cielo prometido
viendo las serenas lumbres
de tus ojos.
¿Qué importa vivir penando
y sentir en noche oscura
poco sueño,
si el alma vela, gozando
de la altísima hermosura
de su dueño?
Si el espíritu se enciende,
¿dónde habrá para esta tea
noche obscura?
Locura de amor me prende.
¡Dulce amor! ¡Bendita sea
tu locura!
Tú me enseñaste a sufrir,
tú me enseñaste a gozar
padeciendo.
Tú me enseñaste a vivir,
tú me enseñaste a triunfar
resistiendo.
Yo darte el alma he querido,
para que en ella ejercites
tu rigor.
¡Con tus dardos la has herido;
tenla, pero no le quites
su dolor!
RICARDO LEÓN (español)
AMOR ANTIGUO
Amor antiguo, cuya sombra empaña
mi cariñosa propensión de ahora,
eres como una sombra de montaña
sobre el encendimiento de la aurora.
Amor antiguo, cuya pesadumbre
traba la agilidad de mi alegría,
eres la tiranía de la cumbre
contra la libertad del mediodía.
Amor antiguo, cuya voz sofoca
la nueva vocecita del cariño,
eres palabra de proyecta boca
en una boca inédita de niño.
Amor antiguo, cuyo sentimiento
hace caber el mundo en nuestro llanto,
eres el alma convertida en viento
y eres el viento convertido en canto.
Amor antiguo, cuya remembranza
cada amorosa perspectiva cierra,
eres esa emoción que sólo alcanza
quien se acuerda del mar desde la tierra.
FRANCISCO LUIS BERNÁRDEZ (argentino)
mi cariñosa propensión de ahora,
eres como una sombra de montaña
sobre el encendimiento de la aurora.
Amor antiguo, cuya pesadumbre
traba la agilidad de mi alegría,
eres la tiranía de la cumbre
contra la libertad del mediodía.
Amor antiguo, cuya voz sofoca
la nueva vocecita del cariño,
eres palabra de proyecta boca
en una boca inédita de niño.
Amor antiguo, cuyo sentimiento
hace caber el mundo en nuestro llanto,
eres el alma convertida en viento
y eres el viento convertido en canto.
Amor antiguo, cuya remembranza
cada amorosa perspectiva cierra,
eres esa emoción que sólo alcanza
quien se acuerda del mar desde la tierra.
FRANCISCO LUIS BERNÁRDEZ (argentino)
EL QUERER
En tu boca roja y fresca
beso, y mi sed no se apaga,
que en cada beso quisiera
beber entera tu alma.
Me he enamorado de ti
y es enfermedad tan mala,
que ni la muerte la cura,
¡bien lo saben los que aman!
Loco me pongo si escucho
el ruido de tu falda,
y el contacto de tu mano
me da la vida y me mata.
Yo quisiera ser el aire
que toda entera te abraza,
yo quisiera ser la sangre
que corre por tus entrañas.
Son las líneas de tu cuerpo
el modelo de mis ansias,
el camino de mis besos
y el imán de mis miradas.
Siento al ceñir tu cintura
una duda que me mata
que quisiera en un abrazo
todo tu cuerpo y tu alma.
Estoy enfermo de ti,
de curar no hay esperanza,
que en la sed de este amor loco
tu eres mi sed y mi agua.
Maldita sea la hora
en que contemplé tu cara,
en que vi tus ojos negros
y besé tus labios grana.
Maldita sea la sed
y maldita sea el agua,
maldito sea el veneno
que envenena y que no mata.
MANUEL MACHADO (español)
beso, y mi sed no se apaga,
que en cada beso quisiera
beber entera tu alma.
Me he enamorado de ti
y es enfermedad tan mala,
que ni la muerte la cura,
¡bien lo saben los que aman!
Loco me pongo si escucho
el ruido de tu falda,
y el contacto de tu mano
me da la vida y me mata.
Yo quisiera ser el aire
que toda entera te abraza,
yo quisiera ser la sangre
que corre por tus entrañas.
Son las líneas de tu cuerpo
el modelo de mis ansias,
el camino de mis besos
y el imán de mis miradas.
Siento al ceñir tu cintura
una duda que me mata
que quisiera en un abrazo
todo tu cuerpo y tu alma.
Estoy enfermo de ti,
de curar no hay esperanza,
que en la sed de este amor loco
tu eres mi sed y mi agua.
Maldita sea la hora
en que contemplé tu cara,
en que vi tus ojos negros
y besé tus labios grana.
Maldita sea la sed
y maldita sea el agua,
maldito sea el veneno
que envenena y que no mata.
MANUEL MACHADO (español)
AMOR
Amor que vida pones en mi muerte
como una milagrosa primavera:
ido ya te creí, porque en la espera,
amor, desesperaba de tenerte.
era el sueño tan largo y tan inerte,
que si con vigor tanto no sintiera
tu renacer, dudara, y te creyera,
amor, sólo un engaño de la suerte.
Mas te conozco bien, y tan sabido
mi corazón, te tiene, que, dolido,
sonríe y quiere huirte y no halla modo.
Amor que tornas, entra. Te aguardaba.
Temía tu regreso, y lo deseaba.
Toma, no pidas, porque tuyo es todo.
MANUEL MAGALLANES MOURE (chileno)
como una milagrosa primavera:
ido ya te creí, porque en la espera,
amor, desesperaba de tenerte.
era el sueño tan largo y tan inerte,
que si con vigor tanto no sintiera
tu renacer, dudara, y te creyera,
amor, sólo un engaño de la suerte.
Mas te conozco bien, y tan sabido
mi corazón, te tiene, que, dolido,
sonríe y quiere huirte y no halla modo.
Amor que tornas, entra. Te aguardaba.
Temía tu regreso, y lo deseaba.
Toma, no pidas, porque tuyo es todo.
MANUEL MAGALLANES MOURE (chileno)
SONETO
Esta necesidad de sacrificio
que me hace vivir como muriendo
me subleva de modo que no entiendo
cómo me tiene amor a su servicio.
Quédese amor, y váyase el suplicio
que de antaño me tiene padeciendo!
el alma claro me lo está diciendo
que amar amor es amar sacrificio.
¡Ay, qué ser tan tenaz! ¡Ay cuánto exiges,
amor, de los que están a tus mandatos!
¡Ay alma, cómo gozas si te afliges!
¡Y qué bien miro lo que voy perdiendo!
¡Y qué bien miro que son insensatos
los que quieren vivir como muriendo!
ALFONSO REYES (Mexicano)
que me hace vivir como muriendo
me subleva de modo que no entiendo
cómo me tiene amor a su servicio.
Quédese amor, y váyase el suplicio
que de antaño me tiene padeciendo!
el alma claro me lo está diciendo
que amar amor es amar sacrificio.
¡Ay, qué ser tan tenaz! ¡Ay cuánto exiges,
amor, de los que están a tus mandatos!
¡Ay alma, cómo gozas si te afliges!
¡Y qué bien miro lo que voy perdiendo!
¡Y qué bien miro que son insensatos
los que quieren vivir como muriendo!
ALFONSO REYES (Mexicano)
ALBORADA
Pero es verdad, amor, que hecho ternura,
de la ruta del tiempo desprendida,
meciste mi ilusión, recién nacida
a la vera oscura encrucijada?
Pero es verdad, amor, que una alborada
relámpagos de luz en unos ojos,
alumbraste los tímidos despojos
de un cadáver en viva sepultura?
Fue cierto, amor? Aun cuando más oscura
surge la selva cuando el rayo enciende
su ráfaga de luz en la espesura.
Si fue verdad, amor, y si contigo
el pasado un instante fue presente
por ese instante, amor, yo te bendigo.
SYLVIA LORENZO (Colombiana)
de la ruta del tiempo desprendida,
meciste mi ilusión, recién nacida
a la vera oscura encrucijada?
Pero es verdad, amor, que una alborada
relámpagos de luz en unos ojos,
alumbraste los tímidos despojos
de un cadáver en viva sepultura?
Fue cierto, amor? Aun cuando más oscura
surge la selva cuando el rayo enciende
su ráfaga de luz en la espesura.
Si fue verdad, amor, y si contigo
el pasado un instante fue presente
por ese instante, amor, yo te bendigo.
SYLVIA LORENZO (Colombiana)
miércoles, 13 de octubre de 2010
AMOR
Un deseo constante de alegría;
una urgencia perenne de lamento
y el corazón, -campana sobre el viento-
estrenando badajos de elegía.
Morir mil veces en un solo día
y otras tantas quemar el pensamiento
en la resurrección, que es el tormento
de pensar en la próxima agonía.
Ver en pupilas de mujer un llanto
y sorprenderlo convertido en canto
al soñar en un niño que lo vierte.
Esto es amor, candela estremecida
empujando la noche de la vida
hacia la madrugada de la muerte.
CARLOS CASTRO SAAVEDRA (colombiano)
una urgencia perenne de lamento
y el corazón, -campana sobre el viento-
estrenando badajos de elegía.
Morir mil veces en un solo día
y otras tantas quemar el pensamiento
en la resurrección, que es el tormento
de pensar en la próxima agonía.
Ver en pupilas de mujer un llanto
y sorprenderlo convertido en canto
al soñar en un niño que lo vierte.
Esto es amor, candela estremecida
empujando la noche de la vida
hacia la madrugada de la muerte.
CARLOS CASTRO SAAVEDRA (colombiano)
¡AMOR!
¡Oh eterno Amor, que en tu inmortal carrera,
das a los seres vida y movimiento,
con qué entusiasta admiración te siento,
aunque invisible, palpitar doquiera!
Esclava tuya la creación entera,
se estremece y anima con tu aliento,
y es tu grandeza tal, que el pensamiento
te proclamara Dios, si Dios no hubiera.
Los impalpables átomos combinas
con tu soplo magnético y fecundo:
tú creas, tú transformas, tú iluminas,
y en el cielo infinito, en el profundo
mar, en la tierra atónita dominas,
¡Amor, eterno Amor, alma del mundo!
GASPAR NUÑEZ DE ARCE (español)
das a los seres vida y movimiento,
con qué entusiasta admiración te siento,
aunque invisible, palpitar doquiera!
Esclava tuya la creación entera,
se estremece y anima con tu aliento,
y es tu grandeza tal, que el pensamiento
te proclamara Dios, si Dios no hubiera.
Los impalpables átomos combinas
con tu soplo magnético y fecundo:
tú creas, tú transformas, tú iluminas,
y en el cielo infinito, en el profundo
mar, en la tierra atónita dominas,
¡Amor, eterno Amor, alma del mundo!
GASPAR NUÑEZ DE ARCE (español)
AMOR Y MUERTE
De GIACOMO LEOPARDI (italiano)
Hermanos a la vez creó la suerte
al amor y a la muerte.
Otras cosas tan bellas
en el mundo no habrá ni en las estrellas.
Nacen de aquél los bienes,
los placeres mayores
que en el mar de la vida el hombre halla;
y todos los colores,
todo mal borra ella.
Bellísima doncella,
de dulce ver, no como
se la imagina la cobarde gente,
al tierno Amor le hace
compañía frecuente,
y el camino mortal juntos recorren
y a todo corazón más sabio
que el herido de amor, ni que la vida
infausta más desprecie,
ni que por otro dueño
como por éste los peligros busque;
donde tu llama prende,
amor, nace el aliento
o se despierta; y su saber en obras,
no, como suele, en pensamiento vano,
muestra el linaje humano.
Cuando encendidamente
nace dentro del alma
un afecto amoroso,
juntamente con él un misterioso
lánguido anhelo de morir se siente;
cómo, no sé; mas ésta es la primera
señal del verdadero amor potente.
Quizás a la vista entonces
espanta este desierto; acaso espera
el mortal que ha de hallar inhabitable
la tierra sin aquella
nueva, sola, infinita
felicidad que su pensar figura;
mas presintiendo el corazón por ella
terrible tempestad, quietud ansía
y refugio apetece,
ante el fiero deseo
que en torno ruge y todo lo oscurece.
Cuando lo envuelve todo
la formidable fuerza
y fulmina en el alma afán constante,
¡cuántas veces te implora
con intenso deseo,
oh dulce muerte, el dolorido amante!
¡Cuántas veces, oh, cuántas a la noche
o al alba abandonándose rendido
juzgó gran dicha que jamás pudiera
despertar de su sueño
ni ver la luz amarga nuevamente!
Y al son a veces de la triste esquila,
del canto que conduce
a los que mueren al eterno olvido,
con suspiros ardientes
de lo íntimo del pecho envidia tuvo
de aquel que bajo tierra a habitar iba.
Hasta la tosca plebe,
el labriego, que ignora
toda virtud que del saber deriva,
hasta la joven tímida y esquiva,
que de la muerte al nombre
sentía sus cabellos erizarse,
contemplan ya la tumba y el sudario
con un mirar de fortaleza lleno,
y en hierro y en veneno
meditan largamente,
y aun en su indocta mente
la gentileza del morir comprenden.
Tanto a la muerte inclina
de amor la disciplina. Y es frecuente
que la interna pasión llegue a tal punto
que la fuerza vital no se sostenga,
y ceda el cuerpo frágil
a la terrible lucha, y de esta suerte
por fraterno poder triunfe la muerte,
o tanto instigue amor en lo profundo
del corazón que el tosco campesino
y la tierna doncella
con mano violenta
su carne juvenil den a la tierra.
Ríe entonces el mundo,
al que el cielo vejez y paz consienta.
Al ferviente, al dichoso,
al animoso ingenio
conceda el hado alguno de vosotros,
dulces dueños, amigos
del humano linaje,
cuyo poder no hay quien aventaje
en el mundo, pues sólo la potencia
del hado es superior a vuestra esencia.
y tú, a quien ya desde mis verdes años
honrando siempre invoco,
bella muerte, piadosa
tan sólo tú de la aflicción terrena,
si celebrada fuiste
alguna vez por mí, si del mezquino
vulgo la ofensa a tu esplendor divino
enmendar un día quise,
no tardes más, mis ruegos
vehementes escucha,
¡cierra mis ojos tristes
para siempre a la luz, reina del tiempo!
Me hallarás ciertamente, a cualquier hora
en que tus alas hacia mí despliegues,
levantada la frente, apercibido,
resistiendo al destino;
la mano que al herirme se colora
con mi sangre inocente
no he de colmar de elogios
ni bendecir, cual hace
por antigua ruindad la humana gente;
toda vana esperanza en que se engañan
como niños los hombres,
todo necio consuelo
desecharé, y a nadie en tiempo alguno,
¡oh muerte!, he de aguardar sino a ti sola;
tan sólo el día esperaré sereno
en que decline adormecido el rostro
en tu virgíneo seno.
Versión de ANTONIO GÓMEZ RESTREPO (colombiano)
Hermanos a la vez creó la suerte
al amor y a la muerte.
Otras cosas tan bellas
en el mundo no habrá ni en las estrellas.
Nacen de aquél los bienes,
los placeres mayores
que en el mar de la vida el hombre halla;
y todos los colores,
todo mal borra ella.
Bellísima doncella,
de dulce ver, no como
se la imagina la cobarde gente,
al tierno Amor le hace
compañía frecuente,
y el camino mortal juntos recorren
y a todo corazón más sabio
que el herido de amor, ni que la vida
infausta más desprecie,
ni que por otro dueño
como por éste los peligros busque;
donde tu llama prende,
amor, nace el aliento
o se despierta; y su saber en obras,
no, como suele, en pensamiento vano,
muestra el linaje humano.
Cuando encendidamente
nace dentro del alma
un afecto amoroso,
juntamente con él un misterioso
lánguido anhelo de morir se siente;
cómo, no sé; mas ésta es la primera
señal del verdadero amor potente.
Quizás a la vista entonces
espanta este desierto; acaso espera
el mortal que ha de hallar inhabitable
la tierra sin aquella
nueva, sola, infinita
felicidad que su pensar figura;
mas presintiendo el corazón por ella
terrible tempestad, quietud ansía
y refugio apetece,
ante el fiero deseo
que en torno ruge y todo lo oscurece.
Cuando lo envuelve todo
la formidable fuerza
y fulmina en el alma afán constante,
¡cuántas veces te implora
con intenso deseo,
oh dulce muerte, el dolorido amante!
¡Cuántas veces, oh, cuántas a la noche
o al alba abandonándose rendido
juzgó gran dicha que jamás pudiera
despertar de su sueño
ni ver la luz amarga nuevamente!
Y al son a veces de la triste esquila,
del canto que conduce
a los que mueren al eterno olvido,
con suspiros ardientes
de lo íntimo del pecho envidia tuvo
de aquel que bajo tierra a habitar iba.
Hasta la tosca plebe,
el labriego, que ignora
toda virtud que del saber deriva,
hasta la joven tímida y esquiva,
que de la muerte al nombre
sentía sus cabellos erizarse,
contemplan ya la tumba y el sudario
con un mirar de fortaleza lleno,
y en hierro y en veneno
meditan largamente,
y aun en su indocta mente
la gentileza del morir comprenden.
Tanto a la muerte inclina
de amor la disciplina. Y es frecuente
que la interna pasión llegue a tal punto
que la fuerza vital no se sostenga,
y ceda el cuerpo frágil
a la terrible lucha, y de esta suerte
por fraterno poder triunfe la muerte,
o tanto instigue amor en lo profundo
del corazón que el tosco campesino
y la tierna doncella
con mano violenta
su carne juvenil den a la tierra.
Ríe entonces el mundo,
al que el cielo vejez y paz consienta.
Al ferviente, al dichoso,
al animoso ingenio
conceda el hado alguno de vosotros,
dulces dueños, amigos
del humano linaje,
cuyo poder no hay quien aventaje
en el mundo, pues sólo la potencia
del hado es superior a vuestra esencia.
y tú, a quien ya desde mis verdes años
honrando siempre invoco,
bella muerte, piadosa
tan sólo tú de la aflicción terrena,
si celebrada fuiste
alguna vez por mí, si del mezquino
vulgo la ofensa a tu esplendor divino
enmendar un día quise,
no tardes más, mis ruegos
vehementes escucha,
¡cierra mis ojos tristes
para siempre a la luz, reina del tiempo!
Me hallarás ciertamente, a cualquier hora
en que tus alas hacia mí despliegues,
levantada la frente, apercibido,
resistiendo al destino;
la mano que al herirme se colora
con mi sangre inocente
no he de colmar de elogios
ni bendecir, cual hace
por antigua ruindad la humana gente;
toda vana esperanza en que se engañan
como niños los hombres,
todo necio consuelo
desecharé, y a nadie en tiempo alguno,
¡oh muerte!, he de aguardar sino a ti sola;
tan sólo el día esperaré sereno
en que decline adormecido el rostro
en tu virgíneo seno.
Versión de ANTONIO GÓMEZ RESTREPO (colombiano)
AMOR
El amor es la vida, y la vida es amor;
engendra la locura y abre paso al delirio;
purgatorio de goces y cielo de martirio;
su dolor es tan fuerte, que su dicha es dolor.
Va abriendo paraísos y cerrando ataúdes;
con puñales y flores hace ramos dorados...
Es el mayor pecado de todos los pecados,
y la virtud más grande de todas las virtudes.
El amor es el perfume, y el néctar, y es veneno;
es camino de rosas y es camino de cieno;
es un rayo de luna besando un corazón...
Es débil como un niño, como un Hércules fuerte;
el amor es la flecha que nos causa la muerte
y tiene el privilegio de la resurrección
JOAQUÍN DICENTA (español)
engendra la locura y abre paso al delirio;
purgatorio de goces y cielo de martirio;
su dolor es tan fuerte, que su dicha es dolor.
Va abriendo paraísos y cerrando ataúdes;
con puñales y flores hace ramos dorados...
Es el mayor pecado de todos los pecados,
y la virtud más grande de todas las virtudes.
El amor es el perfume, y el néctar, y es veneno;
es camino de rosas y es camino de cieno;
es un rayo de luna besando un corazón...
Es débil como un niño, como un Hércules fuerte;
el amor es la flecha que nos causa la muerte
y tiene el privilegio de la resurrección
JOAQUÍN DICENTA (español)
domingo, 22 de agosto de 2010
ÍTACA
C. Kavafis (1863 - 1933)
Cuando emprendas el viaje hacia Ítaca
ruega que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de descubrimientos.
A Lestrigones, Cíclopes,
al colérico Poseidón –no temas:
nunca mientras altos sean tus pensamientos
mientras una extraña emoción
estimule tu alma y tu cuerpo.
A Lestrigones, Cíclopes,
al fiero Poseidón, nunca encontrarás
a menos que en tu alma los lleves dentro,
a menos que tu alma los ponga ante ti.
Ruega que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas de verano en que,
con gran placer y alegría,
entres en puertos desconocidos;
podrías detenerte en los mercados de Fenicia
y comprar hermosas cosas,
coral y nácar, ámbar y ébano,
toda clase de perfumes sensuales…
adquiere tantos como puedas;
podrías visitar muchas ciudades egipcias
y no dejar de aprender de sus sabios.
Que siempre Ítaca esté en tu pensamiento.
Llegar ahí es tu destino.
Pero nunca apresures el viaje.
Es preferible que dure años,
que seas viejo cuando alcances la isla,
rico con todo lo que habrás ganado en el camino,
sin esperar que sea Ítaca la que te haga rico.
Ítaca te dio un maravilloso viaje.
Sin ella no habrías partido.
Pero ya no tiene más que darte.
Y si la encuentras pobre, no creas que Ítaca te ha engañado.
Sabio como te has hecho, tan pleno de experiencia,
habrás entendido lo que significan las Ítacas.
Cuando emprendas el viaje hacia Ítaca
ruega que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de descubrimientos.
A Lestrigones, Cíclopes,
al colérico Poseidón –no temas:
nunca mientras altos sean tus pensamientos
mientras una extraña emoción
estimule tu alma y tu cuerpo.
A Lestrigones, Cíclopes,
al fiero Poseidón, nunca encontrarás
a menos que en tu alma los lleves dentro,
a menos que tu alma los ponga ante ti.
Ruega que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas de verano en que,
con gran placer y alegría,
entres en puertos desconocidos;
podrías detenerte en los mercados de Fenicia
y comprar hermosas cosas,
coral y nácar, ámbar y ébano,
toda clase de perfumes sensuales…
adquiere tantos como puedas;
podrías visitar muchas ciudades egipcias
y no dejar de aprender de sus sabios.
Que siempre Ítaca esté en tu pensamiento.
Llegar ahí es tu destino.
Pero nunca apresures el viaje.
Es preferible que dure años,
que seas viejo cuando alcances la isla,
rico con todo lo que habrás ganado en el camino,
sin esperar que sea Ítaca la que te haga rico.
Ítaca te dio un maravilloso viaje.
Sin ella no habrías partido.
Pero ya no tiene más que darte.
Y si la encuentras pobre, no creas que Ítaca te ha engañado.
Sabio como te has hecho, tan pleno de experiencia,
habrás entendido lo que significan las Ítacas.
Si estuvieras aquí
Manuel Altolaguirre.
Si estuvieras aquí,
frente a este mundo
de silencio y blancura,
después de recorrer con la mirada
las bajas nubes y las altas nieves,
el resumen gozoso del paisaje
encontraría en tus ojos.
Pero tu ausencia es ciega.
Los ojos que recuerdo al recordarte
a otros lugares miran.
Ni presienten ni ven esa hermosura.
Los hondos ríos, el lago, las montañas,
el clarísimo frío de mi frente,
distintos son del fuego de tus labios,
de tus ojos, del mar; de tus llanuras.
Si yo pudiera a tu recuerdo darle
vida, o si pudiera al menos,
convertirme en un recuerdo tuyo,
viviendo sólo donde tú me pienses,
si fuera el cuerpo lo invisible
y el alma lo real,
me verías siempre,
y esta luz, este cielo, estos declives,
serían un blanco sueño.
Si estuvieras aquí,
frente a este mundo
de silencio y blancura,
después de recorrer con la mirada
las bajas nubes y las altas nieves,
el resumen gozoso del paisaje
encontraría en tus ojos.
Pero tu ausencia es ciega.
Los ojos que recuerdo al recordarte
a otros lugares miran.
Ni presienten ni ven esa hermosura.
Los hondos ríos, el lago, las montañas,
el clarísimo frío de mi frente,
distintos son del fuego de tus labios,
de tus ojos, del mar; de tus llanuras.
Si yo pudiera a tu recuerdo darle
vida, o si pudiera al menos,
convertirme en un recuerdo tuyo,
viviendo sólo donde tú me pienses,
si fuera el cuerpo lo invisible
y el alma lo real,
me verías siempre,
y esta luz, este cielo, estos declives,
serían un blanco sueño.
No rechaces los sueños por ser sueños...
Pedro Salinas
No rechaces los sueños por ser sueños.
Todos los sueños pueden
ser realidad, si el sueño no se acaba.
La realidad es un sueño. Si soñamos
que la piedra es la piedra, eso es la piedra.
Lo que corre en los ríos no es un agua,
es un soñar, el agua, cristalino.
La realidad disfraza
su propio sueño, y dice:
«Yo soy el sol, los cielos, el amor.»
Pero nunca se va, nunca se pasa,
si fingimos creer que es más que un sueño.
Y vivimos soñándola.
Soñar es el modo que el alma
tiene para que nunca se le escape
lo que se escaparía si dejamos
de soñar que es verdad lo que no existe.
Sólo muere un amor que ha dejado de soñarse
hecho materia y que se busca en tierra.
No rechaces los sueños por ser sueños.
Todos los sueños pueden
ser realidad, si el sueño no se acaba.
La realidad es un sueño. Si soñamos
que la piedra es la piedra, eso es la piedra.
Lo que corre en los ríos no es un agua,
es un soñar, el agua, cristalino.
La realidad disfraza
su propio sueño, y dice:
«Yo soy el sol, los cielos, el amor.»
Pero nunca se va, nunca se pasa,
si fingimos creer que es más que un sueño.
Y vivimos soñándola.
Soñar es el modo que el alma
tiene para que nunca se le escape
lo que se escaparía si dejamos
de soñar que es verdad lo que no existe.
Sólo muere un amor que ha dejado de soñarse
hecho materia y que se busca en tierra.
Para toda la vida...
Rafael de león.
¿Me quieres, amor, me quieres?
¡Sí, para toda la vida!...
y era yo quien preguntaba,
siempre soñando una espina,
siempre rondando una duda,
siempre imaginando heridas.
"¿Me quieres, amor, me quieres?"
¡Sí, para toda la vida!...
Tardes, madrugadas, noches,
mañanas y mediodías;
en el balcón, en la calle,
en el sueño, en la vigilia,
siempre, siempre preguntando,
corazón, si me querías,
y de pronto, no sé cómo,
sin una razón precisa,
mi voz amarga y cansada
se fue quedando dormida,
y cayó sobre mi alma
una lluvia dulce y fina
que se fue cristalizando
en nieve delgada y fría.
y ya no pregunté más,
corazón, si me querías.
Ahora, eres tú quien se queja,
quien pregunta y quien suspira
¿Me quieres, amor, me quieres?,
me dices con voz dolida...
y yo, de la misma forma
con que tú me respondías,
escondiendo la verdad
debajo de la mentira,
te digo ausente y lejano:
—¡Sí, para toda la vida!...
¿Me quieres, amor, me quieres?
¡Sí, para toda la vida!...
y era yo quien preguntaba,
siempre soñando una espina,
siempre rondando una duda,
siempre imaginando heridas.
"¿Me quieres, amor, me quieres?"
¡Sí, para toda la vida!...
Tardes, madrugadas, noches,
mañanas y mediodías;
en el balcón, en la calle,
en el sueño, en la vigilia,
siempre, siempre preguntando,
corazón, si me querías,
y de pronto, no sé cómo,
sin una razón precisa,
mi voz amarga y cansada
se fue quedando dormida,
y cayó sobre mi alma
una lluvia dulce y fina
que se fue cristalizando
en nieve delgada y fría.
y ya no pregunté más,
corazón, si me querías.
Ahora, eres tú quien se queja,
quien pregunta y quien suspira
¿Me quieres, amor, me quieres?,
me dices con voz dolida...
y yo, de la misma forma
con que tú me respondías,
escondiendo la verdad
debajo de la mentira,
te digo ausente y lejano:
—¡Sí, para toda la vida!...
martes, 13 de julio de 2010
BALADA
De GUIDO CAVALCANTI (italiano)
Los ojos de la bella labradora
turban de modo tal la mente mía,
que en ella solamente se emplearía.
En cuanto ella me mira, me acobardo;
siente mi corazón como un temblor,
y nace de sus ojos, porque ardo,
un delicioso espíritu de amor;
y tiene para mi tanto valor,
que cuando él llega mi alma se desvía,
pues gozar su presencia no podría.
Siento luego surgir más de un suspiro
cuando de ella la mente me razona,
y penas por el aire llover miro
que matan de dolor la mi persona.
toda virtud entonces me abandona
hasta perder conciencia de mi ser,
y de la muerte créome en poder.
Tan quebrantado me hallo, que merced
no me atrevo siquiera a reclamar;
y encuentro a amor que dice: ella se ve
tan gentil que no puedo imaginar
que haya alguien que se atreva a la mirar,
y no exclame, vencida su porfía,
“si la mirase al punto moriría”.
Balada, cuando estés por dicha enfrente
de mi dulce aldeana, le hablarás
de mis congojas dolorosamente.
Dila: “el que a vos me manda está en desgracia,
más dice que esperar no osa la gracia
de hallar piedad, de tanta cortesía,
que a su amada hacer pueda compañía”.
Versión de F. MARISTANY (español)
Los ojos de la bella labradora
turban de modo tal la mente mía,
que en ella solamente se emplearía.
En cuanto ella me mira, me acobardo;
siente mi corazón como un temblor,
y nace de sus ojos, porque ardo,
un delicioso espíritu de amor;
y tiene para mi tanto valor,
que cuando él llega mi alma se desvía,
pues gozar su presencia no podría.
Siento luego surgir más de un suspiro
cuando de ella la mente me razona,
y penas por el aire llover miro
que matan de dolor la mi persona.
toda virtud entonces me abandona
hasta perder conciencia de mi ser,
y de la muerte créome en poder.
Tan quebrantado me hallo, que merced
no me atrevo siquiera a reclamar;
y encuentro a amor que dice: ella se ve
tan gentil que no puedo imaginar
que haya alguien que se atreva a la mirar,
y no exclame, vencida su porfía,
“si la mirase al punto moriría”.
Balada, cuando estés por dicha enfrente
de mi dulce aldeana, le hablarás
de mis congojas dolorosamente.
Dila: “el que a vos me manda está en desgracia,
más dice que esperar no osa la gracia
de hallar piedad, de tanta cortesía,
que a su amada hacer pueda compañía”.
Versión de F. MARISTANY (español)
BENDITO SEA EL AÑO. . .
De FRANCESCO PETRARCA (italiano)
Bendito sea el año, el punto, el día,
la estación, el lugar, el mes, la hora
y el país, en el cual su encantadora
mirada encadenóse al alma mía.
Bendita la dulcísima porfía
de entregarme a ese amor que en mi alma mora,
y el arco y las saetas, de que ahora
las llagas siento abiertas todavía.
Benditas las palabras con que canto
el nombre de mi amada; y mi tormento,
mis ansias, mis suspiros y mi llanto.
Y benditos mis versos y mi arte
pues la ensalzan, y, en fin, mi pensamiento,
puesto que ella tan sólo lo comparte.
Versión de F. MARISTANY (español)
Bendito sea el año, el punto, el día,
la estación, el lugar, el mes, la hora
y el país, en el cual su encantadora
mirada encadenóse al alma mía.
Bendita la dulcísima porfía
de entregarme a ese amor que en mi alma mora,
y el arco y las saetas, de que ahora
las llagas siento abiertas todavía.
Benditas las palabras con que canto
el nombre de mi amada; y mi tormento,
mis ansias, mis suspiros y mi llanto.
Y benditos mis versos y mi arte
pues la ensalzan, y, en fin, mi pensamiento,
puesto que ella tan sólo lo comparte.
Versión de F. MARISTANY (español)
¡CUAN BELLA SOIS, SEÑORA!
De LUDOVICO ARIOSTO (italiano)
¡Cuán bella sois, señora! Lo sois tanto,
que yo no vi jamás cosa más bella;
miro la frente y pienso que una estrella
mi senda alumbra con un brillo santo.
Miro la boca, y quedo en el encanto
de la dulce sonrisa que destella;
miro el áureo cabello, y veo aquella
red que amor me tendió con tierno canto.
Y de terso alabastro el seno y cuello,
los brazos y las manos, finalmente,
cuanto de vos se mira o bien se cree.
Es admirable ¡oh si!... y a pesar de ello
permitid que os lo diga osadamente:
mucho más admirable es aun mi fe.
Versión de F. MARISTANY (español)
¡Cuán bella sois, señora! Lo sois tanto,
que yo no vi jamás cosa más bella;
miro la frente y pienso que una estrella
mi senda alumbra con un brillo santo.
Miro la boca, y quedo en el encanto
de la dulce sonrisa que destella;
miro el áureo cabello, y veo aquella
red que amor me tendió con tierno canto.
Y de terso alabastro el seno y cuello,
los brazos y las manos, finalmente,
cuanto de vos se mira o bien se cree.
Es admirable ¡oh si!... y a pesar de ello
permitid que os lo diga osadamente:
mucho más admirable es aun mi fe.
Versión de F. MARISTANY (español)
SENSACIONES DE AMOR
De Antar Ben scedad (árabe)
Al aire en entorno mío le embalsama
embriagante perfume de jazmín.
¿Es la flor olorosa lo que siento,
o es acaso su aliento?
No lo pudiera el corazón decir.
De un gorjeo dulcísimo, lejano,
perciben mis oídos la inflexión.
¿Acaso en el aire trina un ave?
El alma no lo sabe:
Pudiera ser el eco de su voz.
¿Qué contemplan mis ojos asombrados?
¿Ricas perlas de nítido matiz,
que aquí trajera un mercader de oriente,
o la mirada ardiente
adivina su boca al sonreír?
Miro un rayo de luz iluminando
con su fulgor el vasto espacio azul.
¿Es la luna que elevase en el cielo
o acaso el velo
van sus pupilas destellando luz?
En el Oasis próximo se mueve,
cuando apenas la puedo distinguir,
del tamarindo la crujiente rama,
¿O es que, acaso, me llama
su mano, con un frémito sutil?
¿Has clavado en la arena algún guerrero
su poderosa lanza? No lo sé.
que el corazón he dado rienda suelta,
y al verla tan esbelta
adivino su forma de mujer.
¿Es un narciso oculto lo que miro
en el plantel de flores del jardín,
y su albura mis ojos maravilla?
¿O es su blanca mejilla,
más fresca que las flores del pensil?
* * *
¿Veis cómo la adoro?
¿Veis cómo deliro?
Siempre entorno de ella
gira el corazón.
Y mi pecho exhala
férvido suspiro,
latiendo incansable
con ansias de amor.
¡Abla! ¡Oh, dulce nombre
de la amada mía,
donde se concentran
raudales de luz,
germen fecundante
de mi poesía,
que encantas las horas
de mi juventud!
A los enemigos,
cándida doncella,
no temas, arteros,
mientras viva yo,
que en vano me oponen
injusta querella,
mientras lucha el brazo
con rudo valor.
Versión de CARMELA EULATE SANJURJO (española)
Al aire en entorno mío le embalsama
embriagante perfume de jazmín.
¿Es la flor olorosa lo que siento,
o es acaso su aliento?
No lo pudiera el corazón decir.
De un gorjeo dulcísimo, lejano,
perciben mis oídos la inflexión.
¿Acaso en el aire trina un ave?
El alma no lo sabe:
Pudiera ser el eco de su voz.
¿Qué contemplan mis ojos asombrados?
¿Ricas perlas de nítido matiz,
que aquí trajera un mercader de oriente,
o la mirada ardiente
adivina su boca al sonreír?
Miro un rayo de luz iluminando
con su fulgor el vasto espacio azul.
¿Es la luna que elevase en el cielo
o acaso el velo
van sus pupilas destellando luz?
En el Oasis próximo se mueve,
cuando apenas la puedo distinguir,
del tamarindo la crujiente rama,
¿O es que, acaso, me llama
su mano, con un frémito sutil?
¿Has clavado en la arena algún guerrero
su poderosa lanza? No lo sé.
que el corazón he dado rienda suelta,
y al verla tan esbelta
adivino su forma de mujer.
¿Es un narciso oculto lo que miro
en el plantel de flores del jardín,
y su albura mis ojos maravilla?
¿O es su blanca mejilla,
más fresca que las flores del pensil?
* * *
¿Veis cómo la adoro?
¿Veis cómo deliro?
Siempre entorno de ella
gira el corazón.
Y mi pecho exhala
férvido suspiro,
latiendo incansable
con ansias de amor.
¡Abla! ¡Oh, dulce nombre
de la amada mía,
donde se concentran
raudales de luz,
germen fecundante
de mi poesía,
que encantas las horas
de mi juventud!
A los enemigos,
cándida doncella,
no temas, arteros,
mientras viva yo,
que en vano me oponen
injusta querella,
mientras lucha el brazo
con rudo valor.
Versión de CARMELA EULATE SANJURJO (española)
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