CrónicaPoética @Davpapelcronica

lunes, 19 de marzo de 2012

A SOLAS

¿Quieres que hablemos? … Está bien … empieza:
Habla a mi corazón como otros días...
¡Pero no!... ¿qué dirías?
¿Qué podrías decir a mi tristeza?

...No intentes disculparte: ¡todo es vano!
Ya murieron las rosas en el huerto;
el campo verde lo secó el verano,
y mi fe en ti, como mi amor, ha muerto.

Amor arrepentido,
ave que quiere regresar al nido
al través de la escarcha y las neblinas;
amor que vienes aterido y yerto,
¡donde fuiste feliz... ¡ya todo ha muerto!
No vuelvas... ¡Todo lo hallarás en ruinas!

¿A qué has venido? ¿Para qué volviste?
¿Qué buscas?... Nadie habrá de responderte!
Está sola mi alma, y estoy triste,
inmensamente triste hasta la muerte.

Todas las ilusiones que te amaron,
las que quisieron compartir tu suerte,
mucho tiempo en la sombra te esperaron,
y se fueron... cansadas de no verte.

Cuando por vez primera
en mi camino te encontré, reía
en los campos la alegre primavera...
todo era luz, aromas y armonía.

Hoy todo ¡cuán distinto!... Paso a paso
y solo voy por la desierta vía.
—Nave sin rumbo entre revueltas olas-
pensando en la tristeza del ocaso,
y en las tristezas de las almas solas.

En torno la mirada no columbra
sino esperanzas y páramos sombríos;
los nidos en la nieve están vacíos,
y la estrella que amamos ya no alumbra
el azul de tus sueños y los míos.

Partiste para ignota lontananza
cuando empezaba a descender la sombra.
¿Recuerdas?... Te llamaba mi esperanza,
¡pero ya mi esperanza no te nombra!

¡No ha de nombrarte!...¿para qué?... Vacía
está el ara, y la historia yace trunca.
¡Ya para que esperar que irradie el día!
¡Ya para que decirnos: Todavía,
Si una voz grita en nuestras almas: ¡Nunca!

Dices que eres la misma; que en tu pecho
la dulce llama de otros tiempos arde
que el nido de amor no está deshecho;
que para amarnos otra vez no es tarde…

¡Te engañas! … ¡No lo creas! … Ya la duda
echó en mi corazón fuertes raíces,
ya la fe de otros años no me escuda;
quedó de sueños mi ilusión desnuda,
y no puedo creer lo que me dices…

¡No lo puedo creer! Mi fe burlada,
mi fe en tu amor perdida,
es ancla de una nave destrozada,
ancla en el fondo de la mar caída…

Anhelos de un amor, castos, risueños,
ya nunca volveréis… Se van … Se esconden…
¿Los llamas? … Es inútil …. No responden.

¡Ya los cubre el sudario de mis sueños!
Hace tiempo se fue la primavera…
Llegó en invierno fúnebre y sombrío.
¡Ave fue nuestro amor, ave viajera,
y las aves se van cuando hace frío!

ISMAEL ENRIQUE ARCINIEGAS (colombiano)

NOCTURNO

¡Pues bien!, yo necesito
decirte que te adoro,
decirte que te quiero
con todo el corazón;
que es mucho lo que sufro,
que es mucho lo que lloro,
que ya no puedo tanto,
y al grito en que te imploro,
te imploro y te hablo en nombre
de mi última ilusión.

Yo quiero que tú sepas
que ya hace muchos días
estoy enfermo y pálido
de tanto no dormir;
que ya se han muerto todas
las esperanzas mías
que están mis noches negras,
tan negras y sombrías,
que ya no sé ni en dónde
se alzaba el porvenir.

De noche, cuando pongo
mis sienes en la almohada
y hacia otro mundo quiero
mi espíritu volver,
camino mucho, mucho,
y al fin de la jornada,
las formas de mi madre
se pierden en la nada,
y tú de nuevo vuelves
en mi alma a aparecer.

Comprendo que tus besos
jamás han de ser míos,
comprendo que en tus ojos
no me he de ver jamás;
y te amo y en mis locos
y ardientes desvaríos,
bendigo tus desdenes,
adoro tus desvíos,
y en vez de amarte menos
te quiero mucho más.

A veces pienso en darte
mi eterna despedida,
borrarte en mis recuerdos
y huir de esta pasión;
mas si es en vano todo
y el alma no te olvida,
¿qué quieres tú que yo haga,
pedazo de mi vida,
qué quieres tú que yo haga
con este corazón?

Y luego que ya estaba
concluido el santuario,
tu lámpara encendida,
tu velo en el altar,
el sol de la mañana
detrás del campanario,
chispeando las antorchas,
humeando el incensario,
y abierta allá a lo lejos
la puerta del hogar...

¡Qué hermoso hubiera sido
vivir bajo aquel techo,
los dos unidos siempre
y amándonos los dos;
tú siempre enamorada,
yo siempre satisfecho,
los dos una sola alma,
los dos un solo pecho,
y en medio de nosotros
mi madre como un Dios!

¡Figúrate qué hermosas
las horas de esa vida!
¡Qué dulce y bello el viaje
por una tierra así!
Y yo soñaba en eso,
mi santa prometida;
y al delirar en eso
con alma estremecida,
pensaba yo en ser bueno
por ti, no más por ti.

Bien sabe Dios que ese era
mi más hermoso sueño,
mi afán y mi esperanza,
mi dicha y mi placer;
¡bien sabe Dios que en nada
cifraba yo mi empeño,
sino en amarte mucho
en el hogar risueño
que me envolvió en sus besos
cuando me vio nacer!

Esa era mi esperanza...
mas ya que a sus fulgores
se opone el hondo abismo
que existe entre los dos,
¡adiós por la vez última,
amor de mis amores;
la luz de mis tinieblas,
la esencia de mis flores;
mi lira de poeta,
mi juventud, adiós!

MANUEL ACUÑA (mexicano)

martes, 14 de febrero de 2012

Corazón Coraza

Porque te tengo y no
porque te pienso
porque la noche está de ojos abiertos
porque la noche pasa y digo amor
porque has venido a recoger tu imagen
y eres mejor que todas tus imágenes
porque eres linda desde el pie hasta el alma
porque eres buena desde el alma a mí
porque te escondes dulce en el orgullo
pequeña y dulce
corazón coraza

porque eres mía
porque no eres mía
porque te miro y muero
y peor que muero
si no te miro amor
si no te miro

porque tú siempre existes dondequiera
pero existes mejor donde te quiero
porque tu boca es sangre
y tienes frío
tengo que amarte amor
tengo que amarte
aunque esta herida duela como dos
aunque te busque y no te encuentre
y aunque
la noche pase y yo te tenga
y no.

Mario Benedetti (Uruguay)

EL CREDO DE LAS REDES SOCIALES

TÁCTICA Y ESTRATEGIA
.
Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos
.
mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible
.
mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos
.
mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
.
no haya telón
ni abismos
.
mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple
mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.

Mario Benedetti (de uruguay)

lunes, 31 de octubre de 2011

OJOS DULCES Y CLAROS

Ojos dulces y claros, de gracia peregrina,
Más bellos que los ojos cantados por Cetina,
Ojos dulces y claros, de gracia peregrina;

Mano exangüe y sedeña, mano sedeña y breve,
Donde duerme la casta blancura de la nieve,
Mano exangüe y sedeña, mano sedeña y breve;

Labios rojos cual pétalos de rosa purpurina,
Labios rojos que un claro resplandor ilumina,
Labios rojos cual pétalos de rosa purpurina;

Ojos que sois fanales en mi noche, ojos claros,
Labios rojos y manos cual mármoles de Paros,
Dejadme de rodillas y en éxtasis besaros.

ISMAEL ENRIQUE ARCINIEGAS (colombiano)

El Tren Expreso

Al ingeniero de caminos el célebre escritor
don José de Echegaray, su admirador y amigo.

CANTO PRIMERO: LA NOCHE

I
Habiéndome robado el albedrío
un amor tan infausto como mío,
ya recobrados la quietud y el seso,
volvía de Paris en tren expreso;
y cuando estaba ajeno de cuidado,
como un pobre viajero fatigado,
para pasar bien cómodo la noche
muellemente acostado,
al arrancar el tren subió a mi coche,
seguida de una anciana,
una joven hermosa,
alta, rubia, delgada y muy graciosa,
digna de ser morena y sevillana.

II
Luego, a una voz de mando
por algún héroe de las artes dada,
empezó el tren a trepidar, andando
con un trajín de fiera encadenada.
Al dejar la estación, lanzó un gemido
la máquina, que libre se veía,
y corriendo al principio solapada
cual la sierpe que sale de su nido,
ya al claro resplandor de las estrellas,
por los campos, rugiendo, parecía
un león con melena de centellas.

III
Cuando miraba atento
aquel tren que corría como el viento,
con sonrisa impregnada de amargura
me preguntó la joven con dulzura:
«¿Sois español?». Y su armonioso acento,
tan armonioso y puro, que aun ahora
el recordarlo sólo me embelesa,
«Soy español» la dije; «¿y vos, señora?».
«Yo», dijo, «soy francesa.»
«Podéis», la repliqué con arrogancia,
«la hermosura alabar de vuestro suelo,
pues creo, como hay Dios, que es vuestra Francia
un país tan hermoso como el cielo.»
«Verdad que es el país de mis amores,
el país del ingenio y de la guerra;
pero en cambio», me dijo, «es vuestra tierra
la patria del honor y de las flores:
no os podéis figurar cuánto me extraña
que, al ver sus resplandores,
el sol de vuestra España
no tenga, como el de Asia, adoradores.»
Y después de halagarnos obsequiosos
del patrio amor el puro sentimiento,
entrambos nos quedamos silenciosos
como heridos de un mismo pensamiento.

IV
Caminar entre sombras es lo mismo
que dar vueltas por sendas mal seguras
en el fondo sin fondo de un abismo.
Juntando a la verdad mil conjeturas,
veía allá a lo lejos, desde el coche,
agitarse sin fin cosas oscuras,
y en torno, cien especies de negruras
tomadas de cien partes de la noche.
¡Calor de fragua a un lado, al otro frío!…
¡Lamentos de la máquina espantosos
que agregan el terror y el desvarío
a todos estos limbos misteriosos!…
¡Las rocas, que parecen esqueletos!…
¡Las nubes con extrañas abrasadas!…
¡Luces tristes! ¡Tinieblas alumbradas!…
¡El horror que hace grandes los objetos!…
¡Claridad espectral de la neblina!
¡Juegos de llama y humo indescriptibles!…
¡Unos grupos de bruma blanquecina
esparcidos por dedos invisibles!
¡Masas informes…, límites inciertos!…
¡Montes que se hunden! ¡Árboles que crecen!…
¡Horizontes lejanos que parecen
vagas costas del reino de los muertos
¡Sombra, humareda, confusión y nieblas!…
¡Acá lo turbio…, allá lo indiscernible…,
y entre el humo del tren y las tinieblas,
aquí una cosa negra, allí otra horrible!

V
¡Cosa rara! Entretanto,
al lado de mujer tan seductora
no podía dormir, siendo yo un santo
que duerme, cuando no ama, a cualquier hora.
Mil veces intenté quedar dormido,
mas fue inútil empeño:
admiraba a la joven, y es sabido
que a mí la admiración me quita el sueño.
Yo estaba inquieto, y ella,
sin echar sobre mí mirada alguna,
abrió la ventanilla de su lado
y, como un ser prendado de la luna,
miró al cielo azulado;
preguntó, por hablar, qué hora sería,
y al ver correr cada fugaz estrella,
«Ved un alma que pasa», me decía.

VI
«¿Vais muy lejos?», con voz ya conmovida
le pregunté a mi joven compañera.
«Muy lejos», contestó; «¡voy decidida
a morir a un lugar de la frontera!»
Y se quedó pensando en lo futuro,
su mirada en el aire distraída
cual se mira en la noche un sitio oscuro
donde fue una visión desvanecida.
«¿No os habrás divertido»,
la repliqué galante,
«la ciudad seductora
en donde todo amante
deja recuerdos y se trae olvido?»
«¿Lo traéis vos?», me dijo con tristeza.
«Todo en Paris lo hace olvidar, señora»,
le contesté, «la moda y la riqueza.
Yo me vine a Paris desesperado,
por no ver en Madrid a cierta ingrata.»
«Pues yo vine», exclamó, «y hallé casado
a un hombre ingrato a quién amé soltero.»
«Tengo un rencor», le dije, «que me mata.»
«Yo una pena», me dijo, «que me muero.»
Y al recuerdo infeliz de aquel ingrato,
siendo su mente espejo de mi mente,
quedándose en silencio un grande rato
pasó una larga historia por su frente.

VII
Como el tren no corría, que volaba,
era tan vivo el viento, era tan frío,
que el aire parecía que cortaba:
así el lector no extrañará que, tierno,
cuidase de su bien más que del mío,
pues hacía un gran frío, tan gran frío,
que echó al lobo del bosque aquel invierno.
Y cuando ella, doliente,
con el cuerpo aterido,
«Tengo frío», me dijo dulcemente
con voz que, más que voz, era un balido,
me acerqué a contemplar su hermosa frente,
y os juro, por el cielo,
que, a aquel reflejo de la luz escaso,
la joven parecía hecha de raso,
de nácar, de jazmín y terciopelo;
y creyendo invadidos por el hielo
aquellos pies tan lindos,
desdoblando mi manta zamorana,
que tenía más borlas, verde y grana
que todos los cerezos y los guindos
que en Zamora se crían,
cual si fuese una madre cuidadosa,
con la cabeza ya vertiginosa,
la tapé aquellos pies, que bien podrían
ocultarse en el cáliz de la rosa.

VIII
¡De la sombra y el fuego al claroscuro
brotaban perspectivas espantosas,
y me hacía el efecto de un conjuro
al reverberar en cada muro
de las sombras las danzas misteriosas!…
¡La joven que acostada traslucía
con su aspecto ideal, su aire sencillo,
y que, más que mujer, me parecía
un ángel de Rafael o de Murillo!
¡Sus manos por las venas serpenteadas
que la fiebre abultaba y encendía,
hermosas manos, que a tener cruzadas
por la oración habitual tendía…
¡sus ojos, siempre abiertos, aunque a oscuras,
mirando al mundo de las cosas puras!
¡su blanca faz de palidez cubierta!
¡Aquel cuerpo a que daban sus posturas
la celestial fijeza de una muerta!…
Las fajas tenebrosas
del techo, que irradiaba tristemente
aquella luz de cueva submarina;
y esa continua sucesión de cosas
que así en el corazón como en la mente
acaban por formar una neblina!…
¡Del tren expreso la infernal balumba!…
¡La claridad de cueva que salía
del techo de aquel coche, que tenía
la forma de la tapa de una tumba!…
¡La visión triste y bella
de sublime concierto
de todo aquel horrible desconcierto,
me hacía traslucir en torno de ella
algo vivo rondando un algo muerto!

IX
De pronto, atronadora,
entre un humo que surcan llamaradas,
despide la feroz locomotora
un torrente de notas aflautadas,
para anunciar, al despertar la aurora,
una estación que en feria convertía
el vulgo con su eterna gritería,
la cual, susurradora y esplendente,
con las luces del gas brillaba enfrente;
y al llegar, un gemido
lanzando prolongado y lastimero,
el tren en la estación entró seguido
cual si entrase un reptil a su agujero.

CANTO SEGUNDO: EL DÍA
I
Y continuando la infeliz historia,
que aún vaga como un sueño en mi memoria,
veo al fin, a la luz de la alborada,
que el rubio de oro de su pelo brilla
cual la paja de trigo calcinada
por agosto en los campos de Castilla.
Y con semblante cariñoso y serio,
y una expresión del todo religiosa,
como llevando a cabo algún misterio,
después de un «¡Ay, Dios mío!»
me dijo, señalando un cementerio:
«¡Los que duermen allí no tienen frío!»

II
El humo, en ondulante movimiento,
dividiéndose a un lado y a otro lado,
se tiende por el viento
cual la crin de un caballo desbocado.
ayer era otra fauna, hoy otra flora;
verdura y aridez, calor y frío;
andar tantos kilómetros por hora
causa al alma el mareo del vacío;
pues salvando el abismo, el llano, el monte.
con un ciego correr que al rayo excede,
en loco desvarío
sucede un horizonte a otro horizonte
y una estación a otra estación sucede.

III
Más ciego cada vez por su hermosura
de la mujer aquella,
al fin la hablé con la mayor ternura,
a pesar de mis muchos desengaños;
porque al viajar en tren con una bella
va, aunque un poco al azar y a la ventura,
muy deprisa el amor a los treinta años.
Y «¿Adónde vais ahora?»,
pregunté a la viajera.
«Marcho, olvidada por mi amor primero»,
me respondió sincera,
«a esperar el olvido un año entero.»
«Pero, ¿y después?», le pregunté, «señora?»
«Después», me contestó, «¡lo que Dios quiera!»

IV
Y porque así sus penas distraía,
las mías le conté con alegría
y un cuento amontoné sobre otro cuento,
mientras ella, abstrayéndose, veía
las gradaciones de color que hacía
la luz descomponiéndose en el viento.
Y haciendo yo castillos en el aire,
o, como dicen ellos, en España,
la referí, no sé si con donaire,
cuentos de Homero y de Maricastaña.
En mis cuadros risueños,
pintando mucho amor y mucha pena,
como el que tiene la cabeza llena
de heroínas francesas y de ensueños,
había cada llama
capaz de poner fuego al mundo entero;
y no faltaba nunca un caballero
que, por gustar solícito a su dama,
la sirviese, siendo héroe, de escudero.
Y ya de un nuevo amor en los umbrales,
cual si fuese el aliento nuestro idioma,
más bien que con la voz, con las señales,
esta verdad tan grande como un templo
la convertí en axioma:
que para dos que se aman tiernamente,
ella y yo, por ejemplo,
es cosa ya olvidada por sabida
que un árbol, una piedra y una fuente
pueden ser el edén de nuestra vida.

V
Como en amor es credo,
o artículo de fe que yo proclamo,
que en este mundo de pasión y olvido,
o se oye conjugar el verbo te amo,
o la vida mejor no importa un bledo;
aunque entonces, como hombre arrepentido,
al ver una mujer me daba miedo,
más bien desesperado que atrevido,
«Y ¿un nuevo amor», le pregunté amoroso,
«no os haría olvidar viejos amores?»
Mas ella, sin dar tregua a sus dolores,
contestó con acento cariñoso:
«La tierra está cansada de dar flores;
necesito algún año de reposo.»

VI
Marcha el tren tan seguido, tan seguido,
como aquel que patina por el hielo,
y en confusión extraña,
parecen, confundidos tierra y cielo,
monte la nube, y nube la montaña,
pues cruza de horizonte en horizonte
por la cumbre y el llano,
ya la cresta granítica de un monte,
ya la elástica turba del pantano;
ya entrando por el hueco
de algún túnel que horada las montañas,
a cada horrible grito
que lanzando va el tren, responde el eco,
y hace vibrar los muros de granito,
estremeciendo al mundo en sus entrañas;
y dejando aquí un pozo, allí una sierra,
nubes arriba, movimiento abajo,
en laberinto tal, cuesta trabajo
creer en la existencia de la tierra.

VII
Las cosas que miramos
se vuelven hacia atrás en el instante
que nosotros pasamos;
y, conforme va el tren hacia adelante,
parece que desandan lo que andamos;
y a sus puestos volviéndose, huyen y huyen
en raudo movimiento
los postes del telégrafo, clavados
en fila a los costados del camino,
y, como gota a gota, fluyen, fluyen,
uno, dos, tres y cuatro, veinte y ciento,
y formando confuso y ceniciento
el humo con luz un remolino,
no distinguen los ojos deslumbrados
si aquello es sueño, tromba o torbellino.

VIII
¡Oh mil veces bendita
la inmensa fuerza de la mente humana
que así el ramblizo como el monte allana,
y al mundo echando su nivel, lo mismo
los picos de las rocas decapita
que levanta la tierra,
formando un terraplén sobre un abismo
que llena con pedazos de una sierra!
¡Dignas son, vive dios, estas hazañas,
no conocidas antes,
del poderoso anhelo
de los grandes gigantes
que, en su ambición, para escalar el cielo
un tiempo amontonaron las montañas!

IX
Corría en tanto el tren con tal premura
que el monte abandonó por la ladera,
la colina dejó por la llanura,
y la llanura, en fin, por la ribera;
y al descender a un llano,
sitio infeliz de la estación postrera,
le dije con amor: «¿Sería en vano
que amaros pretendiera?
¿Sería como un niño que quisiera
alcanzar a la luna con la mano?»
Y contestó con lívido semblante:
«No sé lo que seré más adelante,
cuando ya soy vuestra mejor amiga.
Yo me llamo Constancia y soy constante;
¿qué más queréis», me preguntó, «que os diga?».
Y, bajando el andén, de angustia llena,
con prudencia fingió que distraía
su inconsolable pena
con la gente que entraba y que salía,
pues la estación del pueblo parecía
la loca dispersión de una colmena.

X
Y con dolor profundo,
mirándome a la faz, desencajada
cual mira a su doctor un moribundo,
siguió: «Yo os juro, cual mujer honrada,
que el hombre que me dio con tanto celo
un poco de valor contra el engaño,
o aquí me encontrará dentro de un año,
o allí…», me dijo, señalando el cielo.
Y enjugando después con el pañuelo
algo de espuma de color de rosa
que asomaba a sus labios amarillos,
el tren (cual la serpiente que, escamosa,
queriendo hacer que marcha, y no marchando,
ni marcha ni reposa)
mueve y remueve, ondeando y más ondeando,
de su cuerpo flexible los anillos;
y al tiempo en que ella y yo, la mano alzando,
volvimos, saludando, la cabeza,
la máquina un incendio vomitando,
grande en su horror y horrible en su belleza,
el tren llevó hacia sí pieza por pieza,
vibró con furia y lo arrastró silbando.

CANTO TERCERO: EL CREPÚSCULO

I
Cuando un año después, hora por hora,
hacia Francia volvía
echando alegre sobre el cuerpo mío
mi manta de alamares de Zamora,
porque a un tiempo sentía,
como el año anterior, día por día,
mucho amor, mucho viento y mucho frío,
al minuto final del año entero
a la cita acudí cual caballero
que va alumbrando por su buena estrella;
mas al llegar a la estación aquella
que no quiero nombrar, porque no quiero,
una tos de ataúd sonó a mi lado,
que salía del pecho de una anciana
con cara de dolor y negro traje.
Me vio, gimió, lloró, corrió a mi lado,
y echándome un papel por la ventana:
«Tomad», me dijo, «y continuad el viaje».
y cual si fuese una hechicera vana
que después de un conjuro, en la alta noche
quedase entre la sombra confundida,
la mujer, más que vieja, envejecida,
de mi presencia huyó con ligereza
cual niebla entre la luz desvanecida,
al punto en que, llegando con presteza
echó por la ventana de mi coche
esta carta tan llena de tristeza,
que he leído más veces en mi vida
que cabellos contiene mi cabeza.

II
«Mi carta, que es feliz, pues va a buscaros,
cuenta os dará de la memoria mía.
Aquel fantasma soy que, por gustaros,
juró estar viva a vuestro lado un día.
»Cuando lleve esta carta a vuestro oído
el eco de mi amor y mis dolores,
el cuerpo en que mi espíritu ha vivido
ya durmiendo estará bajo las flores.
»Por no dar fin a la ventura mía,
la escribo larga… casi interminable…
¡Mi agonía es la bárbara agonía
del que quiere evitar lo inevitable!
»Hundiéndose al morir sobre mi frente
el palacio ideal de mi quimera,
de todo mi pasado, solamente
esta pena que os doy borrar quisiera.
»Me rebelo a morir, pero es preciso…
¡El triste vive y el dichoso muere!…
¡Cuando quise morir, dios no lo quiso;
hoy que quiero vivir, Dios no lo quiere!
»¡Os amo, sí! Dejadme que habladora
me repita esta voz tan repetida;
que las cosas más íntimas ahora
se escapan de mis labios con mi vida.
»Hasta furiosa, a mí que ya no existo,
la idea de los celos me importuna;
¡juradme que esos ojos que me han visto
nunca el rostro verán de otra ninguna!
»Y si aquella mujer de aquella historia
vuelve a formar de nuevo vuestro encanto,
aunque os ame, gemid en mi memoria;
¡yo os hubiera también amado tanto!…
»Mas tal vez allá arriba nos veremos,
después de esta existencia pasajera,
cuando los dos, como en le tren, lleguemos
de vuestra vida a la estación postrera.
»¡Ya me siento morir!… El cielo os guarde.
Cuidad, siempre que nazca o muera el día,
de mirar al lucero de la tarde,
esa estrella que siempre ha sido mía.
»Pues yo desde ella os estaré mirando;
y como el bien con la virtud se labra,
para verme mejor, yo haré, rezando,
que Dios de par en par el cielo os abra.
»¡Nunca olvidéis a esta infeliz amante
que os cita, cuando os deja, para el cielo!
¡Si es verdad que me amásteis un instante,
llorad, porque eso sirve de consuelo!…
»¡Oh Padre de las almas pecadoras!
¡Conceded el perdón al alma mía!
¡Amé mucho, Señor, y muchas horas;
mas sufrí por más tiempo todavía!
»¡Adiós, adiós! Como hablo delirando,
no sé decir lo que deciros quiero.
Yo sólo sé de mí que estoy llorando,
que sufro, que os amaba y que me muero.»

III
Al ver de esta manera
trocado el curso de mi vida entera
en un sueño tan breve,
de pronto se quedó, de negro que era,
mi cabello más blanco que la nieve.
De dolor traspasado
por la más grande herida
que a un corazón jamás ha destrozado
en la inmensa batalla de la vida,
ahogado de tristeza,
a la anciana busqué desesperado;
mas fue esperanza vana,
pues, lo mismo que un ciego, deslumbrado,
ni pude ver la anciana,
ni respirar del aire la pureza,
por más que abrí cien veces la ventana
decidido a tirarme de cabeza.
Cuando, por fin, sintiéndome agobiado
de mi desdicha al peso
y encerrado en el coche maldecía
como si fuese en el infierno preso,
al año de venir, día por día,
con mi grande inquietud y poco seso,
sin alma y como inútil mercancía,
me volvió hasta Paris el tren expreso.

Ramón de Campoamor (Español)

LA HORA DEL BESO

¡Hora bendita y única! Está todo
–la tierra, el aire, el cielo– preparado
Como para una fiesta. Las pupilas
se absorben; entrelázanse las manos;
un ángel invisible
Junta y oprime sin rumor los labios;
y algo sin nombre y sin sustancia, un éxtasis
de gloria, un fluido, un hálito,
sube del corazón a las esferas
Y baja al corazón desde los astros.

Y huelen como nunca los rosales,
y el césped es de raso,
y los setos se estrellan de luciérnagas,
y hormiguean de estrellas los espacios,
y el ruiseñor entre las sombras canta,
de su hembra y de su voz enamorado.

Lejos, a la sordina,
vuelva la frente sus cristales diáfanos,
y de la fronda surge
un secreto de amor como de tálamo.

Como al nacer del mundo, están dos seres
bajo el cielo romántico,
los ojos en los ojos,
las manos en las manos,
bebiéndose el aliento,
buscándose los labios…

VÍCTOR DOMINGO SILVA (chileno)

lunes, 17 de octubre de 2011

Ciudad

Arthur Rimbaud
Soy un efímero y no demasiado descontento ciudadano de una metrópoli considerada moderna porque eludió todo gusto conocido en el amoblamiento y el exterior de las casas así como en el trazado de la ciudad. Aquí no señalarías la huella de ningún monumento de superstición. ¡La moral y la lengua, en fin, han sido reducidas a su más simple expresión! Estos millones de personas que no necesitan conocerse manejan tan parejamente la educación, los oficios y la vejez, que el curso de sus vidas debe ser varias veces menos largo que el atribuido a los pueblos del continente por una estadística loca. Así como desde mi ventana, veo espectros nuevos girando a través del espeso y eterno humo del carbón -¡nuestra sombra de los bosques, nuestra noche de verano! Erinias nuevas, frente a mi casita que es mi patria y todo mi corazón puesto que aquí todo se parece a esto: la Muerte sin lágrimas, nuestra activa hija y servidora, un Amor desesperado y un bello Crimen lloriqueando en el barro de la calle.

Naditación (fragmento)

Gonzalo Arango

Al escribir no bebo, ni me estupefaciento, ni me inspiro. A lo sumo estoy algo aburrido, o no timbró el teléfono para oír su voz de jazz que tanto me gusta, o estoy harto de medir la extensión tornasolada de Junín, recibiendo el homenaje indignado de los energúmenos.

El nadaísta opina:
- no hay que estar orgullosos de ser hombre, ni de pensar. ¿ves ese par de moscas que se aman? (señala los bichos con el bolígrafo) Ese par de moscas son felices, si supieran qué cosa es la felicidad.

Refuta el humanista:
- pero el hombre es el que ha inventado la palabra “mosca” y la palabra “felicidad”. En eso radica su horrible superioridad sobre los otros animales. A través del lenguaje nombra las cosas como un reclutamiento a la existencia, las convoca de la nada al ser.

El nadaísta cierra la discusión:
- ¿Qué necesidad hay que decir “mosca” si ella es? Esas moscas hacen el amor sin saber qué es el amor. Para ellas la vida es un lenguaje. En cambio el lenguaje del hombre es un lenguaje para asesinar la vida, un lenguaje de enterradores, un lenguaje de muertos.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Tedio

Leer hojas de té desbarata al que se expone a la catástrofe,
diseñando futuros donde nada ocurrirá:
pon una moneda en palma gitana y bostezando
pronosticará aun que no quedan peligros por conquistar.
El riesgo hoy es improductivo: el ingenuo caballero
halla que los ogros son obsoletos y los dragones
desconocidos, mientras hastiadas doncellas cuestionan
lances contra lo terrorífico por llanamente absurdos.

La bestia en el bosquecillo jamesiano nunca acosará,
condenando a crisis la opaca carrera de héroe;
y cuando ángeles indiferentes apuestan la baraja de Dios,
ya las aburridas plateas se muestran impacientes por fin,
ansiosas por ver estragos, ni súplicas ni premios
engatusarán dama o tigre de la puerta ciega de la perdición.

- Sylvia Plath -

domingo, 10 de julio de 2011

SE JUNTAN DESNUDOS

Dos cuerpos que se juntan desnudos
solos en la ciudad donde habitan los astros
inventan sin reposo el deseo.
No se ven cuando se aman, bellos
o atroces arden como dos mundos
que una vez cada mil años se cruzan en el cielo.
Sólo en la palabra, luna inútil, miramos
cómo nuestros cuerpos son cuando se abrazan,
se penetran, escupen, sangran, rocas que se destrozan,
estrellas enemigas, imperios que se afrentan.
Se acarician efímeros entre mil soles
que se despedazan, se besan hasta el fondo,
saltan como dos delfines blancos en el día,
pasan como un solo incendio por la noche.

Jorge Gaitán Durán (colombiano)

viernes, 17 de junio de 2011

POEMA EQUIS

Te espero sobre la misma puerta,
en la distribución de las sonrisas
pongo mi mano abierta.
Te espero sobre la rendición de las manzanas,
en el camino de nuestras soledades,
en las horas de todas las mañanas
pongo tu cuerpo y tus miradas.

Tú vuelves
como un viento amarrado a su destino
como regresa el paso
cuando acaba el camino.
Hoy he visto tu voz en mis papeles
mi desesperación en las noticias
y he mirado los sobres en que sueles
viajar cada semana hasta mis manos.

Hemos sido
batalla de la mala distancia
y ahora vienes
como vuelve la luz hasta una estancia
por años clausurada.
Fruta en resurrección,
tiendo mi mano desde las raíces
hasta tu aparición
como un ala que envuelve tu llegada.
Todo estará en su sitio,
mi sangre con la tuya, mi lanzada,
el paso que tuvimos no ha cambiado,
el beso se sostiene sobre su lento fuego
y el llamado
aquel que hizo el llanto y la victoria
se ha quedado
vigilando de pie
como la sombra de las doce del día.
Hoy te pienso
libertadora de mi gran silencio
libertadora mía,
y me hundo en tu llegada
como se hunde
una pavesa en una llamarada.

ÓSCAR HERNÁNDEZ MONSALVE (colombiano)
EL ENCUENTRO

Nos volvemos a ver, amada de otros días,
casualmente: la vida tiene sus ironías
y nos une, un instante, para que recordemos
nuestras horas de abril que perdidas tenemos.

Tal vez ni me conoces: el tiempo ha transcurrido
tan veloz (la mujer es propensa al olvido)
y quizás ni recuerdes dónde estuvo alojado
tu corazón, por nuevos huéspedes ocupado.

¡Cuándo ibas a pensar que en este hombre sombrío
hallaras al que un tiempo llamaste “amado mío”:
que esta boca, reseca de beber amargura,
fuera la que probaron tus labios con hartura,
y que a ese que nombrabas “Mi dueño”... “Vida mía”...
diga “ Señor” y “Usted”...? Verdad que es ironía?

Los dos somos distintos: tú llevas traje largo,
yo cambié mi sonrisa con un rictus amargo;
después de los dieciocho pienso de otra manera:
ya no creo en la Gloria, probable o venidera;
eso sí: sigo haciendo mis versos cada día.

Yo no puedo llorar, pero mi poesía
llora por mí; ¡son dulces y tienen tal encanto
las tristezas rimadas, los dolores en canto!
Yo creo que las penas algo valen si de ellas
conseguimos hacer unas páginas bellas...

¿Soy yo mismo, soy yo, el que te amaba antaño
quién te ve indiferente?... Fue deplorable engaño
el bautizar eterno al frágil amor nuestro,
cuando el Tiempo, en la sombra, sonreía siniestro.

¡Ay! Nuestro corazón es el mar. ¿Quién augura
el color de sus ondas en el alba futura?
¿Caprichos?... ¿Veleidades?... ¡Bah!... quizás el encanto
está en la alternativa de carcajada y llanto,
estar hoy en un sitio y mañana estar lejos,
y verse en nuevas almas como en nuevos espejos...,

¡Ah!, cabecita loca, alma pueril y vana
que eternizar pretendes la abrileña mañana
y detener el tiempo con tu manita leve:
¡ni con todos tus soles fundirás esta nieve!...

Y hasta luego… Yo me vuelvo a mi oscuro
cuchitril de poeta, donde vivo seguro
de que nadie me quite mi dolor, donde puedo
soñar, llorar un poco, sin que me asalte el miedo
de ser cursi... Tú, sigue haciendo la existencia
menos amarga, con tu adorable presencia,
al prendista tu esposo... Me voy antes que hiele
(tu marta “cibellina” reta a los fríos, huele
a “Dame en noir” tu cuerpo tibiecito...). ¡Ah!, chiquilla
¿qué tiene si nos marcháramos los dos a mi boardilla?

MEDARDO ÁNGEL SILVA (ecuatoriano)
DEL ADVENIMIENTO

Imagen pura: luz antecedida
de la aurora que al sol siempre precede;
divino ser que su fulgor no puede
ya contener: tú surges en mí vida,

sonriendo de misterio, apercibida
de perlado rocío. El alba quede
en ti, y revele cuánto te sucede,
tu flor azul, en Dios humedecida!

Surges de un invisible mar ausente,
un velo de agua y luz cabrillea,
ciñe tu cuerpo, y en la sombra crea

suprema claridad. Así sonriente
tu blanco rostro llégase a mi lado,
de divina presencia, circundado.

***

Sin saber yo de ti, tú ya eras mía;
al encontrarte, en ti reconociera
algo perdido que, en la tierra entera,
sin saber lo que fuese, perseguía.

Desde la misma eternidad venía
cuán seguro y atento; se dijera
que sabía tan solo que no era,
aquello, que un instante parecía.

Así fui prosiguiendo mi jornada,
obediente al instinto y al destino;
curioso de una luz que sobrevino,

me quedé con el alma deslumbrada,
reconociendo el bien que apetecía
con un terrible asombro de alegría.

***

Ningún dolor te acuesta esa belleza;
nada esa clara luz que de ti fluye;
cuando llevas, adquiere tu pureza;
amedrentado como sombra huye

el pensamiento bajo, que enmudece.
Toda tristeza esboza una sonrisa;
en todo pecho Amor se exalta y crece;
los corazones laten más aprisa.

Y tú lo ignoras; asombrada miras
el estupor que nace cuando llegas;
sonríes, callas, pasas y suspiras,

y a las miradas ávidas te entregas.
El impalpable roce de querella,
y en ansiedad de ausencia estás más bella.

***

Vas impelida por mandato obscuro;
tímida ensayas en doliente giro,
con paso leve y raudo, el inseguro
vuelo imposible que callado miro.

Atenta escuchas mi silencio grave
buscas sonriente, en turbación rosada,
desviar el fuego del poder que sabe
enlazarte, invisible, a mi mirada.

Invierta acudes, si me acerco lento;
palpitas, ríes, callas y, vencida,
asómase tu alma en el lamento

de tu boca, que queda estremecida.
Sentimientos ambos el pavor divino
de entrever la tragedia y el destino.

***

Quien bien ama el Amor, calla y espera.
Nunca pide una dádiva; parece
que el don así otorgado desmerece,
cuando él busca que libre se le quiera.

Tanto ama, el Amor, de esta manera
que antes de ser amado, ni que empiece
a lograr la ternura que merece
ese amor infinito del que muera,

él ya, se da, sin tregua, ni medida
su ternura inefable se derrama
y el alma de su amor y de su vida

termina por amar a quien tal ama.
Y sin saber siquiera por qué brota,
mana ese puro amor que nada agota.

***

Yo estaba en ti, oh! Amada, como un sueño;
en tu invisible hoguera, era una llama;
soñando florecía el seco leño,
mezclado con tu luz, él que te ama.

Por adentrarme en ti, en mí no estaba;
ahora me despiertas y regreso;
mas sigue mi alma de tu ser esclava,
siempre mi corazón en ti está preso!

Si así tú a me aprisionas ¿cómo quieres
que libre, esté y yo sea responsable?
Si por tus ojos, con tu sol me hieres,

y a horizonte me impulsas, insondable,
yo más me encuentro en mí, si en ti resido,
y más despierto voy, si más dormido.

***

Solo el silencio que te expresa, entera,
a un más que tu palabra y tu belleza,
me susurra que sólo la nobleza
en tu alma pura soberana impera.

Callado escucho, y a mi vez quisiera
decir con mi silencio que ya empieza,
y revelar con él esta tristeza
que ninguna palabra tradujera.

Absortos en quietud y suspendidos
escuchar sin palabras, sin oídos;
y atentos, y a la vez ensimismados,

expresar el misterio y lo inefable,
al quedar con los ojos enlazados
dejando que el silencio solo hable.

***

Responde tu silencio al amor mío,
con un lenguaje tan maravillado,
que es como el remanso de algún río,
donde al beber me veo retratado.

Como un campo que siéntese bañado
en el polvo inconsútil del rocío,
me recorre la luz de un calofrío;
tu silencio a mi alma la ha besado!

Grave dulzura que a mis ojos cierra,
me desprende liviano de la tierra;
y mi silencio, al tuyo entremezclado,

dejan nuestra existencia suspendida,
alcanzando el milagro de una vida
que en palabras jamás hemos logrado.

PEDRO PRADO (chileno)

martes, 10 de mayo de 2011

Fragmento de cuentos de Marguerite Yourcenar

Las dos de la madrugada. Las ratas roen en los cubos de basura los restos de un día muerto: la ciudad pertenece a los fantasmas, a los asesinos, a los sonámbulos. ¿Dónde estás tú, en qué cama, en qué sueño? Si tropezara contigo, pasarías sin verme, pues no somos percibidos por nuestros sueños. No tengo hambre: no consigo digerir mi vida esta noche. Estoy cansada: anduve toda la noche para escapar de tu recuerdo. No tengo sueño: ni siquiera siento apetito de la muerte. Sentada en un banco, embrutecida a pesar mío por la llegada de la mañana, dejo de recordar que trato de olvidarte. Cierro los ojos… Los ladrones sólo desean nuestras sortijas; los amantes, la carne; los predicadores, nuestras almas; los asesinos, la vida. Pueden quitarme la mía: los desafío a que cambien algo en ella. Echo hacia atrás la cabeza para sentir por encima de mí el murmullo de mis hojas… Estoy en el bosque, en un campo… Es la hora en que el Tiempo se disfraza de barrendero y Dios tal vez de trapero. Él, el avaro, el testarudo; él, que no consiente perderse una perla entre el montón de conchas de ostras a las puertas de las tabernas. Padre nuestro que estas en los cielos… ¿Veré yo venir alguna vez un hombre viejo, con un abrigo pardo, con los pies llenos de barro por haber atravesado Dios sabe que río para reunirse conmigo? Se dejaría caer en el banco, apretando en su puño cerrado un valioso regalo que bastaría para cambiarlo todo. Separaría los dedos lentamente, uno tras otro, con prudencia, pues el regalo podría echarse a volar… ¿Qué llevaría en su mano? ¿Un pájaro, una semilla, un cuchillo, una llave para abrir la lata de conserva del corazón?

domingo, 1 de mayo de 2011

Y SI TE QUIERO ABIERTO

Y si te quiero abierto
como el centro imposible
de un mundo transparente,

si te quiero imposible,
más allá de mis brazos
o la aurora que extiende
un sueño en las tinieblas,

más abierto que el viento,
más leve y más amante,
será porque mañana
nos quisiera infinitos,

unidos como nieve
a punto de ser agua.
Y es por eso que dejo
resonar la memoria,
todas esas palabras
de hilo que se enredan
en tu boca o la mía.

Chantal Maillard

lunes, 7 de febrero de 2011

PRESENCIA

Estás presente en todo lo que miro
Y en todo lo que canto y lo que cuento,
En la vertiente de mi pensamiento
Y en la raíz amarga del suspiro.

En el aire de otoño que respiro,
En la luna de plata y en el viento,
En la fuga del río, en el aliento
Del jazmín y en la estrella de zafiro.

Hace mil años que nos encontramos,
obedecimos a los mismos amos.
Dijo la misma estrella nuestra suerte.

Nos impuso el amor la misma pena,
la misma claridad, igual cadena,
y nos dio muerte de la misma muerte.

Juan Guzmán Cruchaga (chileno)

martes, 11 de enero de 2011

LA COGIDA Y LA MUERTE

A las cinco de la tarde.

Eran las cinco en punto de la tarde.

Un niño trajo la blanca sábana
a las cinco de la tarde.

Una espuerta de cal ya prevenida
a las cinco de la tarde.

Lo demás era muerte y sólo muerte
a las cinco de la tarde.

El viento se llevó los algodones
a las cinco de la tarde.

Y el óxido sembró cristal y níquel
a las cinco de la tarde.

Ya luchan la paloma y el leopardo
a las cinco de la tarde.

Y un muslo con un asta desolada
a las cinco de la tarde.

Comenzaron los sones del bordón
a las cinco de la tarde.

Las campanas de arsénico y el humo
a las cinco de la tarde.

En las esquinas grupos de silencio
a las cinco de la tarde.

¡Y el toro, solo corazón arriba!
a las cinco de la tarde.

Cuando el sudor de nieve fue llegando
a las cinco de la tarde,

cuando la plaza se cubrió de yodo
a las cinco de la tarde,

la muerte puso huevos en la herida
a las cinco de la tarde.

A las cinco de la tarde.

A las cinco en punto de la tarde.

Un ataúd con ruedas es la cama
a las cinco de la tarde.

Huesos y flautas suenan en su oído
a las cinco de la tarde.

El toro ya mugía por su frente
a las cinco de la tarde.

El cuarto se irisaba de agonía
a las cinco de la tarde.

A lo lejos ya viene la gangrena
a las cinco de la tarde.

Trompa de lirio por las verdes ingles
a las cinco de la tarde.

Las heridas quemaban como soles
a las cinco de la tarde,

y el gentío rompía las ventanas
a las cinco de la tarde.

A las cinco de la tarde.


¡Ay qué terribles cinco de la tarde!
¡Eran las cinco en todos los relojes!
¡Eran las cinco en sombra de la tarde!

FEDERICO GARCÍA LORCA

lunes, 18 de octubre de 2010

SONETO AL AMOR

Cuántas veces, amor, por retenerte
puse a tus pies mi juventud rendida.
Y cuántas a pesar de estar herida
te la volví a entregar por no perderte!

Cuántas veces también, altivo y fuerte,
por alcanzar la gracia prometida,
me batí frente a frente con la vida,
o me hallé cara a cara con la muerte!

Y hoy, cuando mi ilusión vuelve a tu lado
trayéndole al misterio de tu hechizo
la pluma azul del pájaro encantado,

torna otra vez a mi pupila el lloro
al mirar desde el puente levadizo
que está cerrado tu castillo de oro.

ALBERTO ÁNGEL MONTOYA (colombiano)

GOZOS DEL DOLOR DE AMOR

Divina desgarradura
del alma. Lento morir
de dolor.
Bendita tu quemadura
que me ha enseñado a sufrir
por amor.

Pensé un día que el amar
fuera liviano placer
sin espinas;
pero he visto, a mi pesar,
que es un puro padecer
penas divinas.

Mas bendigo mi dolor
y bendigo la amargura
que me acosa,
y este callado terror,
y esta sed, y esta ternura
dolorosa.

Si yo supiera cantar,
con qué celestial lamento
cantaría.
Cantar fuera mi llorar,
¡con que melodioso acento
lloraría!

Cuando los hombres sufridos
padecen tribulaciones,
llanto y mengua,
son más dulces sus gemidos,
son más suaves las canciones
de su lengua.

Pero cantar olvidé
y están ya secas las fuentes
de mi llanto ...

¿Qué se hizo, adónde fué,
de aquellas horas ausentes,
el encanto?

La luz de mis alegrías,
el rayo de mi esperanza,
¿dónde fueron?
De aquellos pasados días,
el ardor y la pujanza
¿qué se hicieron?

Yo he perdido corazón,
juicio, voluntad, placer
y sosiego;
me consume la pasión
y sólo sé amar y arder
en este fuego.

Supe mirar y cegué,
supe hablar y enmudecí
en hondo abismo;
yo, que tan claro me vi,
desde que amo no sé
de mí mismo.

¡Fuerte amor, santa piedad
que me avivas y me inflamas
con tu ardor!
¡Oh congoja! ¡Oh caridad!
¡Oh pena y deleite! ¡Oh llamas
del amor!

Se hundió en mi carne el cauterio:
salió el alma por la herida;
quedé inerte;
sentí el terror del misterio ....
¡del misterio de la vida
y de la muerte!

Pero en el trágico instante,
¡oh fuentecilla que bañas
mi cercado!,
miré en tu espejo el semblante
que yo tengo en las entrañas
dibujado.

Sobre el cristal de la fuente
rutilaban como estrellas
sus pupilas ...
¡con un mirar tan clemente!,
¡con unas luces tan bellas
y tranquilas!

¡Amor! de tu flecha herido,
yo olvidé mis pesadumbres,
mis enojos,
y vi el cielo prometido
viendo las serenas lumbres
de tus ojos.

¿Qué importa vivir penando
y sentir en noche oscura
poco sueño,
si el alma vela, gozando
de la altísima hermosura
de su dueño?

Si el espíritu se enciende,
¿dónde habrá para esta tea
noche obscura?
Locura de amor me prende.
¡Dulce amor! ¡Bendita sea
tu locura!

Tú me enseñaste a sufrir,
tú me enseñaste a gozar
padeciendo.
Tú me enseñaste a vivir,
tú me enseñaste a triunfar
resistiendo.

Yo darte el alma he querido,
para que en ella ejercites
tu rigor.
¡Con tus dardos la has herido;
tenla, pero no le quites
su dolor!
RICARDO LEÓN (español)

AMOR ANTIGUO

Amor antiguo, cuya sombra empaña
mi cariñosa propensión de ahora,
eres como una sombra de montaña
sobre el encendimiento de la aurora.

Amor antiguo, cuya pesadumbre
traba la agilidad de mi alegría,
eres la tiranía de la cumbre
contra la libertad del mediodía.

Amor antiguo, cuya voz sofoca
la nueva vocecita del cariño,
eres palabra de proyecta boca
en una boca inédita de niño.

Amor antiguo, cuyo sentimiento
hace caber el mundo en nuestro llanto,
eres el alma convertida en viento
y eres el viento convertido en canto.

Amor antiguo, cuya remembranza
cada amorosa perspectiva cierra,
eres esa emoción que sólo alcanza
quien se acuerda del mar desde la tierra.

FRANCISCO LUIS BERNÁRDEZ (argentino)

EL QUERER

En tu boca roja y fresca
beso, y mi sed no se apaga,
que en cada beso quisiera
beber entera tu alma.

Me he enamorado de ti
y es enfermedad tan mala,
que ni la muerte la cura,
¡bien lo saben los que aman!

Loco me pongo si escucho
el ruido de tu falda,
y el contacto de tu mano
me da la vida y me mata.

Yo quisiera ser el aire
que toda entera te abraza,
yo quisiera ser la sangre
que corre por tus entrañas.

Son las líneas de tu cuerpo
el modelo de mis ansias,
el camino de mis besos
y el imán de mis miradas.

Siento al ceñir tu cintura
una duda que me mata
que quisiera en un abrazo
todo tu cuerpo y tu alma.

Estoy enfermo de ti,
de curar no hay esperanza,
que en la sed de este amor loco
tu eres mi sed y mi agua.

Maldita sea la hora
en que contemplé tu cara,
en que vi tus ojos negros
y besé tus labios grana.

Maldita sea la sed
y maldita sea el agua,
maldito sea el veneno
que envenena y que no mata.

MANUEL MACHADO (español)

AMOR

Amor que vida pones en mi muerte
como una milagrosa primavera:
ido ya te creí, porque en la espera,
amor, desesperaba de tenerte.

era el sueño tan largo y tan inerte,
que si con vigor tanto no sintiera
tu renacer, dudara, y te creyera,
amor, sólo un engaño de la suerte.

Mas te conozco bien, y tan sabido
mi corazón, te tiene, que, dolido,
sonríe y quiere huirte y no halla modo.

Amor que tornas, entra. Te aguardaba.
Temía tu regreso, y lo deseaba.
Toma, no pidas, porque tuyo es todo.

MANUEL MAGALLANES MOURE (chileno)

SONETO

Esta necesidad de sacrificio
que me hace vivir como muriendo
me subleva de modo que no entiendo
cómo me tiene amor a su servicio.

Quédese amor, y váyase el suplicio
que de antaño me tiene padeciendo!
el alma claro me lo está diciendo
que amar amor es amar sacrificio.

¡Ay, qué ser tan tenaz! ¡Ay cuánto exiges,
amor, de los que están a tus mandatos!
¡Ay alma, cómo gozas si te afliges!

¡Y qué bien miro lo que voy perdiendo!
¡Y qué bien miro que son insensatos
los que quieren vivir como muriendo!

ALFONSO REYES (Mexicano)

ALBORADA

Pero es verdad, amor, que hecho ternura,
de la ruta del tiempo desprendida,
meciste mi ilusión, recién nacida
a la vera oscura encrucijada?

Pero es verdad, amor, que una alborada
relámpagos de luz en unos ojos,
alumbraste los tímidos despojos
de un cadáver en viva sepultura?

Fue cierto, amor? Aun cuando más oscura
surge la selva cuando el rayo enciende
su ráfaga de luz en la espesura.

Si fue verdad, amor, y si contigo
el pasado un instante fue presente
por ese instante, amor, yo te bendigo.

SYLVIA LORENZO (Colombiana)

miércoles, 13 de octubre de 2010

AMOR

Un deseo constante de alegría;
una urgencia perenne de lamento
y el corazón, -campana sobre el viento-
estrenando badajos de elegía.

Morir mil veces en un solo día
y otras tantas quemar el pensamiento
en la resurrección, que es el tormento
de pensar en la próxima agonía.

Ver en pupilas de mujer un llanto
y sorprenderlo convertido en canto
al soñar en un niño que lo vierte.

Esto es amor, candela estremecida
empujando la noche de la vida
hacia la madrugada de la muerte.

CARLOS CASTRO SAAVEDRA (colombiano)

¡AMOR!

¡Oh eterno Amor, que en tu inmortal carrera,
das a los seres vida y movimiento,
con qué entusiasta admiración te siento,
aunque invisible, palpitar doquiera!

Esclava tuya la creación entera,
se estremece y anima con tu aliento,
y es tu grandeza tal, que el pensamiento
te proclamara Dios, si Dios no hubiera.

Los impalpables átomos combinas
con tu soplo magnético y fecundo:
tú creas, tú transformas, tú iluminas,

y en el cielo infinito, en el profundo
mar, en la tierra atónita dominas,
¡Amor, eterno Amor, alma del mundo!

GASPAR NUÑEZ DE ARCE (español)

AMOR Y MUERTE

De GIACOMO LEOPARDI (italiano)

Hermanos a la vez creó la suerte
al amor y a la muerte.
Otras cosas tan bellas
en el mundo no habrá ni en las estrellas.
Nacen de aquél los bienes,
los placeres mayores
que en el mar de la vida el hombre halla;
y todos los colores,
todo mal borra ella.
Bellísima doncella,
de dulce ver, no como
se la imagina la cobarde gente,
al tierno Amor le hace
compañía frecuente,
y el camino mortal juntos recorren
y a todo corazón más sabio
que el herido de amor, ni que la vida
infausta más desprecie,
ni que por otro dueño
como por éste los peligros busque;
donde tu llama prende,
amor, nace el aliento
o se despierta; y su saber en obras,
no, como suele, en pensamiento vano,
muestra el linaje humano.

Cuando encendidamente
nace dentro del alma
un afecto amoroso,
juntamente con él un misterioso
lánguido anhelo de morir se siente;
cómo, no sé; mas ésta es la primera
señal del verdadero amor potente.
Quizás a la vista entonces
espanta este desierto; acaso espera
el mortal que ha de hallar inhabitable
la tierra sin aquella
nueva, sola, infinita
felicidad que su pensar figura;
mas presintiendo el corazón por ella
terrible tempestad, quietud ansía
y refugio apetece,
ante el fiero deseo
que en torno ruge y todo lo oscurece.

Cuando lo envuelve todo
la formidable fuerza
y fulmina en el alma afán constante,
¡cuántas veces te implora
con intenso deseo,
oh dulce muerte, el dolorido amante!
¡Cuántas veces, oh, cuántas a la noche
o al alba abandonándose rendido
juzgó gran dicha que jamás pudiera
despertar de su sueño
ni ver la luz amarga nuevamente!
Y al son a veces de la triste esquila,
del canto que conduce
a los que mueren al eterno olvido,
con suspiros ardientes
de lo íntimo del pecho envidia tuvo
de aquel que bajo tierra a habitar iba.
Hasta la tosca plebe,
el labriego, que ignora
toda virtud que del saber deriva,
hasta la joven tímida y esquiva,
que de la muerte al nombre
sentía sus cabellos erizarse,
contemplan ya la tumba y el sudario
con un mirar de fortaleza lleno,
y en hierro y en veneno
meditan largamente,
y aun en su indocta mente
la gentileza del morir comprenden.
Tanto a la muerte inclina
de amor la disciplina. Y es frecuente
que la interna pasión llegue a tal punto
que la fuerza vital no se sostenga,
y ceda el cuerpo frágil
a la terrible lucha, y de esta suerte
por fraterno poder triunfe la muerte,
o tanto instigue amor en lo profundo
del corazón que el tosco campesino
y la tierna doncella
con mano violenta
su carne juvenil den a la tierra.
Ríe entonces el mundo,
al que el cielo vejez y paz consienta.

Al ferviente, al dichoso,
al animoso ingenio
conceda el hado alguno de vosotros,
dulces dueños, amigos
del humano linaje,
cuyo poder no hay quien aventaje
en el mundo, pues sólo la potencia
del hado es superior a vuestra esencia.
y tú, a quien ya desde mis verdes años
honrando siempre invoco,
bella muerte, piadosa
tan sólo tú de la aflicción terrena,
si celebrada fuiste
alguna vez por mí, si del mezquino
vulgo la ofensa a tu esplendor divino
enmendar un día quise,
no tardes más, mis ruegos
vehementes escucha,
¡cierra mis ojos tristes
para siempre a la luz, reina del tiempo!
Me hallarás ciertamente, a cualquier hora
en que tus alas hacia mí despliegues,
levantada la frente, apercibido,
resistiendo al destino;
la mano que al herirme se colora
con mi sangre inocente
no he de colmar de elogios
ni bendecir, cual hace
por antigua ruindad la humana gente;
toda vana esperanza en que se engañan
como niños los hombres,
todo necio consuelo
desecharé, y a nadie en tiempo alguno,
¡oh muerte!, he de aguardar sino a ti sola;
tan sólo el día esperaré sereno
en que decline adormecido el rostro
en tu virgíneo seno.

Versión de ANTONIO GÓMEZ RESTREPO (colombiano)

AMOR

El amor es la vida, y la vida es amor;
engendra la locura y abre paso al delirio;
purgatorio de goces y cielo de martirio;
su dolor es tan fuerte, que su dicha es dolor.

Va abriendo paraísos y cerrando ataúdes;
con puñales y flores hace ramos dorados...
Es el mayor pecado de todos los pecados,
y la virtud más grande de todas las virtudes.

El amor es el perfume, y el néctar, y es veneno;
es camino de rosas y es camino de cieno;
es un rayo de luna besando un corazón...

Es débil como un niño, como un Hércules fuerte;
el amor es la flecha que nos causa la muerte
y tiene el privilegio de la resurrección

JOAQUÍN DICENTA (español)

domingo, 22 de agosto de 2010

ÍTACA

C. Kavafis (1863 - 1933)

Cuando emprendas el viaje hacia Ítaca
ruega que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de descubrimientos.
A Lestrigones, Cíclopes,
al colérico Poseidón –no temas:
nunca mientras altos sean tus pensamientos
mientras una extraña emoción
estimule tu alma y tu cuerpo.
A Lestrigones, Cíclopes,
al fiero Poseidón, nunca encontrarás
a menos que en tu alma los lleves dentro,
a menos que tu alma los ponga ante ti.

Ruega que el camino sea largo.
Que sean muchas las mañanas de verano en que,
con gran placer y alegría,
entres en puertos desconocidos;
podrías detenerte en los mercados de Fenicia
y comprar hermosas cosas,
coral y nácar, ámbar y ébano,
toda clase de perfumes sensuales…
adquiere tantos como puedas;
podrías visitar muchas ciudades egipcias
y no dejar de aprender de sus sabios.

Que siempre Ítaca esté en tu pensamiento.
Llegar ahí es tu destino.
Pero nunca apresures el viaje.
Es preferible que dure años,
que seas viejo cuando alcances la isla,
rico con todo lo que habrás ganado en el camino,
sin esperar que sea Ítaca la que te haga rico.
Ítaca te dio un maravilloso viaje.
Sin ella no habrías partido.
Pero ya no tiene más que darte.

Y si la encuentras pobre, no creas que Ítaca te ha engañado.
Sabio como te has hecho, tan pleno de experiencia,
habrás entendido lo que significan las Ítacas.

Si estuvieras aquí

Manuel Altolaguirre.

Si estuvieras aquí,
frente a este mundo
de silencio y blancura,
después de recorrer con la mirada
las bajas nubes y las altas nieves,
el resumen gozoso del paisaje
encontraría en tus ojos.
Pero tu ausencia es ciega.
Los ojos que recuerdo al recordarte
a otros lugares miran.
Ni presienten ni ven esa hermosura.
Los hondos ríos, el lago, las montañas,
el clarísimo frío de mi frente,
distintos son del fuego de tus labios,
de tus ojos, del mar; de tus llanuras.
Si yo pudiera a tu recuerdo darle
vida, o si pudiera al menos,
convertirme en un recuerdo tuyo,
viviendo sólo donde tú me pienses,
si fuera el cuerpo lo invisible
y el alma lo real,
me verías siempre,
y esta luz, este cielo, estos declives,
serían un blanco sueño.

No rechaces los sueños por ser sueños...

Pedro Salinas

No rechaces los sueños por ser sueños.

Todos los sueños pueden
ser realidad, si el sueño no se acaba.
La realidad es un sueño. Si soñamos
que la piedra es la piedra, eso es la piedra.

Lo que corre en los ríos no es un agua,
es un soñar, el agua, cristalino.
La realidad disfraza
su propio sueño, y dice:

«Yo soy el sol, los cielos, el amor.»

Pero nunca se va, nunca se pasa,
si fingimos creer que es más que un sueño.
Y vivimos soñándola.

Soñar es el modo que el alma
tiene para que nunca se le escape
lo que se escaparía si dejamos
de soñar que es verdad lo que no existe.

Sólo muere un amor que ha dejado de soñarse
hecho materia y que se busca en tierra.

Para toda la vida...

Rafael de león.

¿Me quieres, amor, me quieres?
¡Sí, para toda la vida!...

y era yo quien preguntaba,
siempre soñando una espina,
siempre rondando una duda,
siempre imaginando heridas.

"¿Me quieres, amor, me quieres?"
¡Sí, para toda la vida!...

Tardes, madrugadas, noches,
mañanas y mediodías;
en el balcón, en la calle,
en el sueño, en la vigilia,
siempre, siempre preguntando,
corazón, si me querías,

y de pronto, no sé cómo,
sin una razón precisa,
mi voz amarga y cansada
se fue quedando dormida,
y cayó sobre mi alma
una lluvia dulce y fina
que se fue cristalizando
en nieve delgada y fría.
y ya no pregunté más,
corazón, si me querías.

Ahora, eres tú quien se queja,
quien pregunta y quien suspira
¿Me quieres, amor, me quieres?,
me dices con voz dolida...

y yo, de la misma forma
con que tú me respondías,
escondiendo la verdad
debajo de la mentira,
te digo ausente y lejano:
—¡Sí, para toda la vida!...

martes, 13 de julio de 2010

BALADA

De GUIDO CAVALCANTI (italiano)

Los ojos de la bella labradora
turban de modo tal la mente mía,
que en ella solamente se emplearía.

En cuanto ella me mira, me acobardo;
siente mi corazón como un temblor,
y nace de sus ojos, porque ardo,
un delicioso espíritu de amor;
y tiene para mi tanto valor,
que cuando él llega mi alma se desvía,
pues gozar su presencia no podría.

Siento luego surgir más de un suspiro
cuando de ella la mente me razona,
y penas por el aire llover miro
que matan de dolor la mi persona.
toda virtud entonces me abandona
hasta perder conciencia de mi ser,
y de la muerte créome en poder.

Tan quebrantado me hallo, que merced
no me atrevo siquiera a reclamar;
y encuentro a amor que dice: ella se ve
tan gentil que no puedo imaginar
que haya alguien que se atreva a la mirar,
y no exclame, vencida su porfía,
“si la mirase al punto moriría”.

Balada, cuando estés por dicha enfrente
de mi dulce aldeana, le hablarás
de mis congojas dolorosamente.
Dila: “el que a vos me manda está en desgracia,
más dice que esperar no osa la gracia
de hallar piedad, de tanta cortesía,
que a su amada hacer pueda compañía”.

Versión de F. MARISTANY (español)

BENDITO SEA EL AÑO. . .

De FRANCESCO PETRARCA (italiano)

Bendito sea el año, el punto, el día,
la estación, el lugar, el mes, la hora
y el país, en el cual su encantadora
mirada encadenóse al alma mía.

Bendita la dulcísima porfía
de entregarme a ese amor que en mi alma mora,
y el arco y las saetas, de que ahora
las llagas siento abiertas todavía.

Benditas las palabras con que canto
el nombre de mi amada; y mi tormento,
mis ansias, mis suspiros y mi llanto.

Y benditos mis versos y mi arte
pues la ensalzan, y, en fin, mi pensamiento,
puesto que ella tan sólo lo comparte.

Versión de F. MARISTANY (español)

¡CUAN BELLA SOIS, SEÑORA!

De LUDOVICO ARIOSTO (italiano)

¡Cuán bella sois, señora! Lo sois tanto,
que yo no vi jamás cosa más bella;
miro la frente y pienso que una estrella
mi senda alumbra con un brillo santo.

Miro la boca, y quedo en el encanto
de la dulce sonrisa que destella;
miro el áureo cabello, y veo aquella
red que amor me tendió con tierno canto.

Y de terso alabastro el seno y cuello,
los brazos y las manos, finalmente,
cuanto de vos se mira o bien se cree.

Es admirable ¡oh si!... y a pesar de ello
permitid que os lo diga osadamente:
mucho más admirable es aun mi fe.

Versión de F. MARISTANY (español)

SENSACIONES DE AMOR

De Antar Ben scedad (árabe)

Al aire en entorno mío le embalsama
embriagante perfume de jazmín.
¿Es la flor olorosa lo que siento,
o es acaso su aliento?
No lo pudiera el corazón decir.

De un gorjeo dulcísimo, lejano,
perciben mis oídos la inflexión.
¿Acaso en el aire trina un ave?
El alma no lo sabe:
Pudiera ser el eco de su voz.

¿Qué contemplan mis ojos asombrados?
¿Ricas perlas de nítido matiz,
que aquí trajera un mercader de oriente,
o la mirada ardiente
adivina su boca al sonreír?

Miro un rayo de luz iluminando
con su fulgor el vasto espacio azul.
¿Es la luna que elevase en el cielo
o acaso el velo
van sus pupilas destellando luz?

En el Oasis próximo se mueve,
cuando apenas la puedo distinguir,
del tamarindo la crujiente rama,
¿O es que, acaso, me llama
su mano, con un frémito sutil?

¿Has clavado en la arena algún guerrero
su poderosa lanza? No lo sé.
que el corazón he dado rienda suelta,
y al verla tan esbelta
adivino su forma de mujer.

¿Es un narciso oculto lo que miro
en el plantel de flores del jardín,
y su albura mis ojos maravilla?
¿O es su blanca mejilla,
más fresca que las flores del pensil?

* * *

¿Veis cómo la adoro?
¿Veis cómo deliro?
Siempre entorno de ella
gira el corazón.
Y mi pecho exhala
férvido suspiro,
latiendo incansable
con ansias de amor.

¡Abla! ¡Oh, dulce nombre
de la amada mía,
donde se concentran
raudales de luz,
germen fecundante
de mi poesía,
que encantas las horas
de mi juventud!

A los enemigos,
cándida doncella,
no temas, arteros,
mientras viva yo,
que en vano me oponen
injusta querella,
mientras lucha el brazo
con rudo valor.

Versión de CARMELA EULATE SANJURJO (española)

SEDUCCIÓN

De Kushal Khan (afgán)

Tus undosos cabellos,
Que a tu rostro dan sombra,
A la espalda te caen
Y fulgura radiosa
Tu pupila brillante,
Y se ría tu boca.

Y me embriaga los ecos
De tu voz melodiosa,
Como el vino aromático,
Que se vierte en las copas:
¡ay qué dulce es tu beso
Y que fresca es tu boca!

Y al mirar tus mejillas,
Que son hojas de rosa,
Mis pupilas contemplan,
Fascinadas, absortas,
Los hoyuelos formados
Al reír de tu boca.

Y tu beso dulcísimo
Cual la flor, tiene aroma:
El perfume del cáliz
Con que embriaga la rosa,
Y las almas seduces
Al besar de tu boca.

Tus traiciones olvido,
¡es tu faz tan hermosa!
Cuando dices mirándome:
“¡Mis pecados perdona!”
Y se ríen tus ojos,
Como ríe tu boca.

Mis amigos te llaman
Desleal, veleidosa,
¡mas no hay otra tan bella!
¡toda el alma me roban
Tus pupilas negrísimas,
Y el reír de tu boca!

Versión de CARMELA EULATE SANJURJO (española)

A SU AMADO

De SAPHO (griega)

Igual parece a los eternos dioses
quien logra verse frente a ti sentado;
¡feliz si goza tu palabra suave,
suave tu risa!
•••
A mí en el pecho el corazón se oprime
sólo en mirarte: ni la voz acierta
de mi garganta a prorrumpir; y rota
calla la lengua.
•••
Fuego sutil dentro de mi cuerpo todo
presto discurre: los inciertos ojos
vagan sin rumbo; los oídos hacen
ronco zumbido.
•••
Cúbrome toda de sudor helado;
pálida quedo cual marchita yerba;
y ya sin fuerzas, sin aliento, inerte,
muerta parezco.

Versión de M. MENENDEZ Y PELAYO (español)

FOR EVER

A Juan T. Mejía y Porfirio Herrera

Cuando esta frágil copa de mi vida,
que de hermosuras rebosó el destino,
en la revuelta bacanal del mundo
ruede en pedazos, no lloréis, amigos.
Haced de un rincón del Cementerio,
sin cruz ni mármol, mi postrer asilo,
después, ¡oh! mis alegres camaradas,
seguid vuestro camino.
Allí, solo, mi amada misteriosa,
bajo el sudario inmenso del olvido,
¡cuán corta encontraré la noche eterna
para soñar contigo!

Fabio Fiallo (puertorriqueño)

EL RETRATO DE LA AMADA

De Anacreonte (griego)

¡Oh, pintor excelente!
Del arte dueño en la florida Rodas;
Para que pintes a mi ninfa ausente
Vengo a contarte sus bellezas todas:

Sus fértiles cabellos
Imiten los plumones de las aves,
Y si la cera lo consiente, en ellos
De esencias pon los hálitos süaves;

Bajo la oscura mancha
De la melena undívaga y dispersa,
En grácil línea, de su enfrente ensancha
El ara ebúrnea, luminosa y tersa;

Porque la curva ceja
No se junte a su hermana ni se aparte
Huyendo esquiva su gentil pareja,
Con albo punto sus dominios aparte;

La lumbre de sus ojos
Luz de carbones encendidos sea;
Imita los de Palas sin enojos
Y el húmedo mirar de Citerea;

Deshoja en leve taza
De leche campesina frescas rosas,
Y mojado el pincel, su nariz traza
Y de su faz las tintas ruborosas;

En su boca menuda
Finja reclamos tu inspirado toque:
Incite al beso con palabra muda,
Y a desatar sus pétalos provoque;

De la garganta en torno
Las Gracias juguetonas revolando,
Escuden con sus alas el contorno
Del móvil cuello repulido y blando.

De su carne divina
Muéstrenos tu pincel blanco destello,
Que el ojo tras la púrpura adivina
El ágil tallo inmaculado y bello.

Amor mi labio sella. . .
Escucha la esperanza que me enciende:
¡ya ven mis ojos la sin par doncella
Que de tu claro lienzo se desprende!

Versión de Guillermo Valencia (colombiano)

JARAHUI

Llorar. . . llorar, igual que esta fontana
Y khatira tendría
Para su sed mis lágrimas.

Florecer. . . Flores como esta mayhua. . .
Khatira me pondría
En el sagrado vaso de su alma.

Cantar. . . cantar igual que esta urpi ufana. . .
Khatira me daría
Su corazón como florida rama.

Ser luz. . . ser luz de estrella solitaria
Khatira me tendría
Frente a su vida como eterna lámpara. . .

Jesús Lara (boliviano)

TU QUEJA

Enarenado de oro y de jacinto
se cubrió de violetas el sendero
de tus orejas que un dolor austero
fue recorriendo con su alfanje al cinto.

Eros alado, el inmortal flechero,
te miraba llorar desde su plinto;
el venusto rosal, en rosa tinto,
imploraba a la flor del limonero.

Cayó el poniente de tu rostro en mi hombro
y se alargó el crepúsculo en asombro
del líbico negror de tu quedeja.

Y a modo de bellísima azafata
la noche vino, con piel de plata,
por el oro y Jacinto de tu queja.

Roberto Brenes Mesén (costarricense)

SÁBADO

Te alejas, como siempre, a la hora en que el crepúsculo
vuelve de un lila dulce las garzas de tus manos
que vuelan en la tarde entre los cabrilleos
de las primeras luces vesperales del sábado.

Y la calle te arroya con su explosión de ruidos,
y de ti sólo queda un íntimo recuerdo
que se anuda a mi vida llenándola de aquella
luz lila de las garzas de tus manos en vuelo.

Y evocándote escucho cómo rasgas el aire,
con alas migratorias, al volar tus palabras;
y la lumbre violeta de la tarde se azula;
para velar tus sueños y alentar mi esperanza.

Martín Paz (centroamericano)

EL AMANTE INSOMNE

Viene soplando el polvo de las hojas
La brisa que ha dormido en las montañas;
Viene disolviendo oro,
Deshaciéndose en lágrimas
Detrás de los corvos montes
La aurora tibia y pálida;
Oh, luz, armonía, éter,
Vida, rubia mañana!
El amor no ha dormido…
-buenos días, amada.

Francisco Gavidia (salvadoreño)

domingo, 27 de junio de 2010

LA HORA UNCIOSA

Vengo cansado y triste, buscando los divinos
remansos de tus ojos para lavar mi herida:
¡Traigo en el pecho el sello sangriento de la vida;
y en la sandalia el polvo de todos los caminos!

Pongo en tus manos castas el alma dolorida,
que ha menester de ingenuos ensueños cristalinos...
¡Y sean tus afectos los astros vespertinos,
ungiendo de dulzura la tarde de mi vida!

Y así como sentiste, en horas invernales,
errantes golondrinas llamar a tus cristales,
en busca del amparo piadoso de tu seno;

¡Hoy llegan mis amores, como aves extraviadas,
para anidar el dulce calor de tus miradas,
ansiosas de un refugio: tu espíritu sereno...!

Enrique Bianchi ( Uruguay )

LA AMADA Y EL VERBO

Quisiera hacer romance oscuro
En donde sólo tú brillases.
Convocar palabras sencillas
Enhebradas en el romance
Por el hilo de tu voz clara
Que prestaría sus contrastes.

Ojalá pudiera tejer
Poema sólo hecho de aire
Que le sirviera a tu figura
De contorno, como a la frase
Sirve la letra de continente
Sin alterar su interna clave.

Que careciera de metáforas
Para que fueras tú la imagen.

Llamo a los cedros y pisquines
Y a palomas color de viaje,
Para que den matiz y forma
A la loa para loarte.

Porque tú eres la inasible
Que ninguna palabra logra.

La palabra cuando contempla
Tu alta hermosura, presurosa
Se desliza sobre el papel
Para recatarse en la sombra.

Edificaré mi poema
Con asonante rima sorda.

Sólo, el agua de pies ligeros,
La fugaz y perenne rosa,
La golondrina corta nubes,
El grillo de arpa herrumbrosa,
Como silaba naturales
De vegetal y animal oda,
Pueden elogiar tu belleza
En un idioma que no es idioma,
Sino decir de cedros altos
Y ágiles cuellos de palomas.

Álvaro Restrepo Vélez (colombiano)

A ELLA

Semejas esculpida en el más fino
hielo de cumbre sonrojado al beso
del sol, y tienes ánimo travieso
y eres embriagadora como el vino.

Y mientes: no imitaste al peregrino
que cruza un monte de penoso acceso
y párese a escuchar con embeleso
un pájaro que canta en el camino.

obrando tú como rapaz avieso,
correspondiste con la trampa el trino,
por ver mi pluma y torturarme preso.

No así el viandante que se vuelve a un pino
y párese a escuchar con embeleso
un pájaro que canta en el camino.

Salvador Diaz Miron (mexicano)

SERENATA

De Henry Wadworth Longfellow

Estrella de la tarde sosegada,
En lo más hondo del azul prendida,
Apaga el brillo de tu luz dorada,
Que está dormida,
Dormida.

Luna estival de la noche callada,
Sobre el lejano monte suspendida,
Esconde ya tu claridad plateada,
Que está dormida,
Mi amada está dormida,
Dormida.
Céfiro de la noche perfumada,
Sobre la madreselva retorcida
Suspende ahora tu carrera alada,
Que está dormida,
Mi amada está dormida,
Dormida.

Ensueños de la noche enamorada,
Decidle quedo que mi amor la cuida,
Cuando en su lecho cálido acostada,
Que está dormida,
Mi amada está dormida,
Dormida.

Versión de Jose Coronel Urtecho (nicaragüense)

MANO FEMENINA

De Theodor-Woldsen Storm (Alemán)

No ignoro que las quejas y el reproche
Nunca en tus labios hallarán palabras;
Pero el silencio de tu dulce boca
Es la elocuencia de tu mano pálida.

Mano en la cual eternicé mis ojos,
Su puro trazo de dolor nos habla:
Noches de insomnio que pasó, extendida,
Cubriendo un corazón que se apagaba.

Versión de A. Haas (español)

¡OH, VEN Y CIÉRRAME LOS OJOS…!

De Theodor-Woldsen Storm (Alemán)

¡Oh, ven y ciérrame los ojos
Con las tus manos adoradas,
Y bajo de ellas mis angustias
Reposarán así de endulzadas!

Cual se adormece, ola tras ola,
Nuestro dolor, nuestra pasión,
Cual cesa el último latido
Revivirá mi corazón.
Versión de F. Maristany (español)

PREGUNTA

De Theodor-Woldsen Storm (Alemán)

Dices que cuando, sola, sufres en tu aposento
largas noches de insomnio, surjo en tu pensamiento;
dices que entonces piensas en mí.
En tu alcoba difúndese el oro mañanero,
a tu paso divino se alegra el mundo entero. . .
Díme entonces si piensas en mí.

Versión de A. Haas (español)

MUERTE DICHOSA

De Ludwig Uhland (alemán)

Muerto estaba de amor; amortajaron
en sus ebúrneos brazos mis despojos,
sus labios me besaron
y vi la luz del cielo en sus dos ojos.

Versión de Jaime Marti-Miquel (español)

SONRISA DE VOLUPTUOSIDAD

De Saadi (persa)

En su pecho descansa su cabeza
y en tu mano la suya, palpitante:
su pecho se estremece con largueza
y sus ojos se cierran un instante.

Asoman ya sus dientes de diamante
en labios carmín; contén tu prisa:
si tomas posesión de aquella carne
perderás el sabor de su sonrisa.

Versión de Pedro Guirao (español)

LA TRENZA

De Omar Khayyam (Persa)

Procura desatar
los nudos de la trenza perfumada
de la mujer amada
que premia tu labor con dulces besos,
antes de que los nudos de tus huesos
se vean destrozados
y rotos y por siempre desatados.

Versión de Pedro Guirao (español)

martes, 8 de junio de 2010

Amor

Amor de roto cauce sorprendido,
pequeño amor de desolada espiga;
rayo del corazón reconocido
por la secreta mies de mi fatiga.

Llama y ceniza, tiempo renacido
en los mismos caballos que fustiga,
río de soledad despavorido,
oculta forma que a la voz se liga.

Ansiedad de las sombras entregando
sus estrellas marchitas, clara fuente
su propio caminar iluminando.

Próxima espada del gemido ausente,
instante sus esferas prolongando,
agonía y amor eternamente.

Fernando Arbeláez (colombiano)

Rondel

Amor, deliciosa mentira,
áspero amor, abur. . . ¡abur. . .!
Es de ceniza vuestro azur,
amor, deliciosa mentira. . .!

Por vos el poeta delira
en Brujas, Tokio y Nischapur. . .
Amor, deliciosa mentira,
áspero amor, abur. . . ¡abur. . .!

–*–

Amor, deliciosa mentira,
áspero amor, retórna, vén!
Tu pena es el único bien,
amor, deliciosa mentira...

Mi corazón, ebrio, delira!
Mi corazón... tómalo!, tén! . . .
Amor, deliciosa mentira,
áspero amor, retórna, vén!

–*–

Amor otra vez su perfume
riega en mi esquiva soledad...
De Cypris trae, y de Bagdad,
amor otra vez su perfume. . .

Ya no mi ser gestos asume
de fingida serenidad:

amor otra vez su perfume
riega en mi esquiva soledad!

León de Greiff (colombiano)

ROGATIVA A MI CORAZÓN

Nadie te supo comprender,
Nadie sufrió con tu dolor;
Una mujer y otra mujer;
¡Siempre el engaño del amor!

Sacude tu agria lasitud,
Ahoga todo tu penar;
Que la carcoma del laúd
Nadie la puede adivinar.
¡Que siempre sea mi cantar
Una canción de juventud!

Fea es la luna ¿No es verdad?
Es enfermizo su claror;
Ella dejó sin heredad
Tanto poeta soñador.

Sueña un fantástico jardín
De extravagante floración,
Y ríe, ríe, corazón,
Con un trinar de mandolín.

Como un guerrero medieval
Ve a rescatar a Jerusalén.
Besa la cruz de tu puñal
Y sigue en pos del ideal
En tu soberbio palafrén.

Haz todo rojo tu pendón,
Enamorado paladín,
Y como irónico festón
Deja colgados del arzón
Los cascabeles de Arlequín.

Enciende toda tu emoción
En las quimeras que vendrán,
Y que tu aroma de perdón
Lleven en lenta procesión
Las golondrinas que se van.

Y cuando veas ondular
Una silueta de pasión,
Medita en el dolor de amar:
Yo te lo ruego corazón.

Pedro Sienna (chileno)

DIVAGACIÓN

¿Vienes? Me llega aquí, pues que suspiras,
un soplo de las mágicas fragancias
que hicieron los delirios de las liras
en las Grecias, las Romas y las Francias.

¡Suspira así! Revuelen las abejas,
al olor de la olímpica ambrosía,
en los perfumes que en el aire dejas;
y el dios de piedra se despierta y ría.

Y el dios de piedra se despierte y cante
la gloria de los tirsos florecientes
en el gesto ritual de la bacante
de rojos labios y nevados dientes:

En el gesto ritual que en las hermosas
Ninfalias guía a la divina hoguera,
hoguera que hace llamear las rosas
en las manchadas pieles de pantera.

Y pues amas reír, ríe, y la brisa
lleve el son de los líricos cristales
de tu reír, y haga temblar la risa
la barba de Términos joviales.

Mira hacia el lado del boscaje, mira
blanquear el muslo de marfil de Diana,
y después de la Virgen, la Hetaíra
diosa, blanca, rosa y rubia hermana.

Pasa en busca de Adonis; sus aromas
deleitan a las rosas y los nardos;
síguela una pareja de palomas,
y hay tras ella una fuga de leopardos.

* * *

¿Te gusta amar en griego? Yo las fiestas
galantes busco, en donde se recuerde,
al suave son de rítmicas orquestas,
la tierra de la luz y el mirto verde.

(Los abates refieren aventuras
a las rubias marquesas. Soñolientos
filósofos defienden las ternuras
del amor, con sutiles argumentos,

mientras que surge de la verde grama,
en la mano el acanto de Corinto,
una ninfa a quien puso un epigrama
Beaumarchais, sobre el mármol de su plinto).

Amo más que la Grecia de los griegos
la Grecia de la Francia, porque Francia,
al eco de las Risas y los Juegos,
su más dulce licor Venus escancia.

Demuestran más encantos y perfidias,
coronadas de flores y desnudas,
las diosas de Glodión que las de Fidias;
unas cantan francés, otras son mudas.

Verlaine es más que Sócrates; y Arsenio
Houssaye supera al viejo Anacreonte.
En París reinan el Amor y el Genio.
Ha perdido su imperio el dios bifronte.

Monsieur Prudhomme y Homais no saben nada.
Hay Chipres, Pafos, Tempes y Amatuntes,
donde el amor de mi madrina, un hada,
tus frescos labios a los míos juntes.

Sones de bandolín. El rojo vino
conduce un paje rojo. ¿Amas los sones
del bandolín, y un amor florentino?
Serás la reina en los decamerones,
la barba de los Términos joviales.

(Un coro de poetas y pintores
cuenta historias picantes. Con maligna
sonrisa alegre aprueban los señores.
Clelia enrojece, una dueña se signa).

¿O un amor alemán? -que no han sentido
jamás los alemanes-: la celeste
Gretchen; claro de luna; el aria; el nido
del ruiseñor; y en una roca agreste,

la luz de nieve que del cielo llega
y baña a una hermosa que suspira
la queja vaga que a la noche entrega
Loreley en la lengua de la lira.

Y sobre el agua azul el caballero
Lohengrín; y su cisne, cual si fuese
un cincelado témpano viajero,
con su cuello enarcado en forma de S.

Y del divino Enrique Heine un canto,
a la orilla del Rhin; y del divino
Wolfang la larga cabellera, el manto;
y de la uva teutona el blanco vino.

O amor lleno de sol, amor de España,
amor lleno de púrpuras y oros;
amor que da el clavel, la flor extraña
regada con la sangre de los toros;

flor de gitanas, flor que amor recela,
amor de sangre y luz, pasiones locas;
flor que trasciende a clavo y a canela,
roja cual las heridas y las bocas.

* * *

¿Los amores exóticos acaso? . . .
Como rosa de Oriente me fascinas:
me deleitan la seda, el oro, el raso.
Gautier adoraba a las princesas chinas.

¡Oh bello amor de mil genuflexiones:
torres de kaolín, pies imposibles,
tasas de té, tortugas y dragones,
y verdes arrozales apacibles!

Ámame en chino, en el sonoro chino
de Li-Tai-Pe. Yo igualaré a los sabios
poetas que interpretan el destino;
madrigalizaré junto a tus labios.

Diré que eres más bella que la Luna:
que el tesoro del cielo es menos rico
que el tesoro que vela la importuna
caricia de marfil de tu abanico.

* * *

Ámame japonesa, japonesa
antigua, que no sepa de naciones
occidentales; tal una princesa
con las pupilas llenas de visiones,

que aun ignorase en la sagrada Kioto,
en su labrado camarín de plata
ornado al par de crisantemo y loto,
la civilización del Yamagata.

O con amor hindú que alza sus llamas
en la visión suprema de los mitos,
y hacen temblar en misteriosas bramas
la iniciación de los sagrados ritos.

En tanto mueven tigres y panteras
sus hierros, y en los fuertes elefantes
sueñan con ideales bayaderas
los rajahs, constelados de brillantes.

O negra, negra como la que canta
en su Jerusalén al rey hermoso,
negra que haga brotar bajo su planta
la rosa y la cicuta del reposo...

Amor, en fin, que todo diga y cante,
amor que encante y deje sorprendida
a la serpiente de ojos de diamante
que está enroscada al árbol de la vida.

Ámame así, fatal cosmopolita,
universal, inmensa, única, sola
y todas; misteriosa y erudita:
ámame mar y nube, espuma y ola.

Sé mi reina de Saba, mi tesoro;
descansa en mis palacios solitarios.
Duerme. Yo encenderé los incensarios.
Y junto a mi unicornio cuerno de oro,
tendrán rosas y miel tus dromedarios.

Rubén Darío (nicaragüense)

LOS AMANTES

¿Quién los ve andar por la ciudad
si todos están ciegos?
Ellos se toman de la mano: algo habla
entre sus dedos, lenguas dulces
lamen la húmeda palma, corren por las falanges,
y arriba está la noche llena de ojos.

Son los amantes, su isla flota a la deriva
hacia muertes de césped, hacia puertos
que se abren entre sábanas.
Todo se desordena a través de ellos,
todo encuentra su cifra escamoteada;
pero ellos ni siquiera saben
que mientras ruedan en su amarga arena
hay una pausa en la obra de la nada,
el tigre es un jardín que juega.

Amanece en los carros de basura,
empiezan a salir los ciegos,
el ministerio abre sus puertas.
Los amantes rendidos se miran y se tocan
una vez más antes de oler el día.

Ya están vestidos, ya se van por la calle.
Y es sólo entonces
cuando están muertos, cuando están vestidos,
que la ciudad los recupera hipócrita
y les impone los deberes cotidianos.

JULIO CORTÁZAR (argentino)

martes, 11 de mayo de 2010

Tú venías

No me has hecho sufrir
sino esperar.

Aquellas horas
enmarañadas, llenas
de serpientes,
cuando
se me caía el alma y me ahogaba,
tú venías andando,
tú venías desnuda y arañada,
tú llegabas sangrienta hasta mi lecho,
novia mía,
y entonces
toda la noche caminamos
durmiendo
y cuando despertamos
eras intacta y nueva,
como si el grave viento de los sueños
de nuevo hubiera dado
fuego a tu cabellera
y en trigo y plata hubiera sumergido
tu cuerpo hasta dejarlo deslumbrante.

Yo no sufrí, amor mío,
yo sólo te esperaba.
Tenías que cambiar de corazón
y de mirada
después de haber tocado la profunda
zona de mar que te entregó mi pecho.
Tenías que salir del agua
pura como una gota levantada
por una ola nocturna.

Novia mía, tuviste
que morir y nacer, yo te esperaba.
Yo no sufrí buscándote,
sabía que vendrías,
una nueva mujer con lo que adoro
de la que no adoraba,
con tus ojos, tus manos y tu boca
pero con otro corazón
que amaneció a mi lado
como si siempre hubiera estado allí
para seguir conmigo para siempre.

Pablo Neruda (chile)

jueves, 29 de abril de 2010

Amor

No, no has muerto, no.
Renaces,
con las rosas en cada primavera.
Como la vida, tienes
tus hojas secas;
tienes tu nieve, como
la vida...
Mas tu tierra,
amor, está sembrada
de profundas promesas,
que han de cumplirse aún en el mismo
olvido.
¡En vano es que no quieras!
La brisa dulce torna, un día, al alma;
una noche de estrellas,
bajas, amor, a los sentidos,
casto como la vez primera.
¡Pues eres puro, eres
eterno! A tu presencia,
vuelven por el azul, en blanco bando,
blancas palomas que creíamos muertas...
Abres la sola flor con nuevas hojas...
Doras la inmortal luz con lenguas nuevas...
¡Eres eterno, amor,
como la primavera!

Juan Ramón Jiménez (español)

ODA AL AMOR

Amor, hagamos cuentas.
A mi edad
no es posible
engañar o engañarnos.
Fui ladrón de caminos,
tal vez,
no me arrepiento.
Un minuto profundo,
una magnolia rota
por mis dientes
y la luz de la luna
celestina.
Muy bien, pero, ¿el balance?
La soledad mantuvo
su red entretejida
de fríos jazmineros
y entonces
la que llegó a mis brazos
fue la reina rosada
de las islas.
Amor,
con una gota,
aunque caiga
durante toda y toda
la nocturna
primavera
no se forma el océano
y me quedé desnudo,
solitario, esperando.

Pero, he aquí que aquella
que pasó por mis brazos
como una ola
aquella
que sólo fue un sabor
de fruta vespertina,
de pronto
parpadeó como estrella,
ardió como paloma
y la encontré en mi piel
desenlazándose
como la cabellera de una hoguera.
Amor, desde aquel día
todo fue más sencillo.
Obedecí las órdenes
que mi olvidado corazón me daba
y apreté su cintura
y reclamé su boca
con todo el poderío
de mis besos,
como un rey que arrebata
con un ejército desesperado
una pequeña torre donde crece
la azucena salvaje de su infancia.
Por eso, Amor, yo creo
que enmarañado y duro
puede ser tu camino,
pero que vuelves
de tu cacería
y cuando enciendes
otra vez el fuego,
como el pan en la mesa,
así, con sencillez,
debe estar lo que amamos.
Amor, eso me diste.
Cuando por vez primera
ella llegó a mis brazos
pasó como las aguas
en una despeñada primavera.
Hoy
la recojo.
Son angostas mis manos pequeñas
las cuencas de mis ojos
para que ellas reciban
su tesoro,
la cascada
de interminable luz, el hilo de oro,
el pan de su fragancia
que son sencillamente, Amor, mi vida.

Pablo Neruda (chileno)

¡QUIÉN RETIENE AL AMOR! . . .

Tanto es mi amor, por todos mis amores,
que en el jardín de la existencia mía
a verlas marchitarse día a día
preferí siempre deshojar sus flores.

Cuanto más encendidos sus colores
mueran en su triunfante lozanía,
más triste que la muerte es la agonía
de un amor entre dudas y temores.

Triste fin de un amor, cuando engañoso
quiere fingir que a su pesar nos deja,
y más ofende, cuanto más piadoso.

¿Y qué logrará la importuna queja
del ofendido corazón celoso?
¿Quién retiene al amor. . . cuando se aleja!

JACINTO BENAVENTE (español)

SUEÑO DE AMOR

¿Amor, amor, llamabas a mi puerta
Una noche de estío iluminada,
En el dulce vagar de una mirada,
Junto a la sombra de la mar desierta?

¿era vida aquel sueño? ¿No está muerta
Desde el nacer toda caricia alada
En mi frente de angustia traspasada
Que anima una razón pálida y yerta?

¿Era ayer o hace siglos? Un mirarse
-¿En dónde?-, una alegría y un latido;
El amado en la amada recrearse. . .

Engaño o realidad, oigo el sonido
De palabra que no llegó a expresarse,
De aquel beso de amor que no he sentido.

ÁNGEL VALBUENA PRAT (español)

AMOR

Deja que venga solo, deja que venga piano,
alegre, doloroso, como quiera venir...
que arome de silencios tu corazón cristiano
y pueble de luceros tu noche de zafir.

¡Pero nunca te empeñes en forzar el arcano!
Amor es un tesoro que cae de la mano...
Es arpa de los cielos que la tendrás que oír.
Deja que venga solo... Que llegará en un día

de sorpresa inefable para mi corazón,
cuando traigas del valle de tu melancolía
humedad en los ojos y en los labios canción.

¡Pero nunca te empeñes con sutil porfía!
...Amor vendrá de suyo como un Avemaría
a tu madrugadora campiña de ilusión.

JOSÉ MARÍA EGAS (ecuatoriano)

AMARGO AMOR

Amor! amargo amor! Llamas de nuevo
en este corazón q ayer fue tuyo;
mas, contra ti, como coraza llevo
la luciente armadura de mi orgullo.

Quise darte mi sangre, gota a gota;
vivir, soñar y combatir por ella;
y me azotó, como el señor que azota
al perro humilde que lamió su huella.

Alcé entonces del polvo mi cabeza.
La dejé que siguiera su camino;
y abriendo mi valija de tristeza
me puse a traficar con el destino.

Marqué alegrías y pagué dolores
en el amparo de propicia sombra;
y allí, bajo los pies de otros amores,
tendí mi juventud con una alfombra.

Hoy, cuando ya quemé todo mi incienso
y no hay en mi heredad rosas ni espigas,
déjame a solas con mi tedio inmenso;
Amor! amargo amor! no me persigas.

No me arrebates la quietud inerte,
la trágica quietud en que yo vivo.
Quiero seguir viajando hacia la muerte,
lloroso y taciturno, pero altivo.

Francisco Rodríguez Moya (colombiano)

¿CONOCE ALGUIEN EL AMOR?

¿Conoce alguien el amor?
¡El amor es un sueño sin fin!
Es como un lánguido sopor
entre las flores de un jardín…

¿Conoce alguien el amor?
Es un anhelo misterioso
que al labio hace suspirar,
torna al cobarde en valeroso
y al más valiente hace temblar;
es un perfume embriagador
que deja pálida la faz;
es la palmera de la paz
en los desiertos del dolor…

¿Conoce alguien el amor?
Es una senda florecida,
es un licor que hace olvidar
todas las glorias de la vida,
menos la gloria del amar…
Es paz en medio de la guerra.
Fundirse en uno siendo dos…
¡La única dicha que en la tierra
a los creyentes les da Dios!
Quedarse inmóvil y cerrar
los ojos para mejor ver;
y bajo un beso adormecer…,
y bajo un beso despertar…
Es un fulgor que hace cegar.
¡Es como un huerto todo en flor
que nos convida a reposar!

¿Conoce alguien el amor?
¡Todos conocen el amor!
El amor es como un jardín
envenenado de dolor…,
donde el dolor no tiene fin.

¡Todos conocen el amor!
Es como un áspid venenoso
que siempre sabe emponzoñar
al noble pecho generoso
donde le quieran alentar.

Al más leal traidor,
es la ceguera del abismo
y la ilusión del espejismo…
en los desiertos del dolor.

¡Todos conocen el amor!
¡Es laberinto sin salida
es una ola de pesar
que nos arroja de la vida
como los náufragos del mar!
Provocación de toda guerra…,
sufrir en uno las de dos…
¡La mayor pena que en la tierra
a los creyentes les da Dios!
Es un perpetuo agonizar,
un alarido, un estertor,
que hace al más santo blasfemar…
¡Todos conocen el amor!

FRANCISCO VILLAESPESA (español)